• Caracas (Venezuela)

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Lorena González

El espiral de la violencia

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Los encuentros con la imagen son espacios sorpresivos que en ocasiones afortunadas pueden transformarse en un sistema revelador. La imagen cabalga a contrapunto de las realidades, tiende su manto, levanta repiqueteos, arde y se inflama, vuela, se esquina y en algunos casos se entrelaza con las dudas que están golpeando detrás de la mirada. Hace unos días, las horas sin protocolo de un contacto asignado por otra voz me confrontaron con el valioso trabajo de investigación visual que el joven Oscar B. Castillo, mejor conocido como Bambú, está realizando desde hace más de tres años; convencido de que la fotografía es la posibilidad de traducir las esencias olvidadas de un cuerpo social fracturado por los estereotipos, la segmentación y la negligencia del poder.

Su recorrido comenzó como una aventura difícil y peligrosa. Sin embargo, la fuerza de un movimiento imparable desprendido desde las necesidades constantes de diálogo con el afuera que demanda el fotoperiodismo como profesión y disciplina le obligaron a ser constante, cauteloso y pertinente. El barrio se abrió como un laberinto sonoro, poco a poco construyó los pasos, los nexos, la sintomatología de aquello que señalaban sus propias inquietudes: una cámara que iba a entrar en el fondo de los acontecimientos, en la vida privada, en el caos, en el inquietante orden –al margen de la ley– de un individuo expatriado que solo quiere ser alguien.

Una de las características más vertiginosas del registro que Bambú ha estado levantando se concentra en el uso constante del blanco y negro para hacer estallar los matices sin prejuicio que captura en cada una de sus tomas. Más allá de la forma replica la candidez y la desesperanza, el sueño posible y la realidad aplastante, la fuerza personal y los oscuros desvíos de un camino aniquilado a golpe de promesa, engaño y bloqueo. La mayoría de los personajes registrados en la serie Nuestra guerra, nuestro dolor han muerto, ofuscados por el corto tiempo para la vida que dibujan las ansiosas parcas de una violencia social que ya tiene demasiados años. Con este trabajo acaba de obtener la beca Magnum Emergency Fund de Magnum Foundation para la continuidad de su proyecto.

Mientras intercambiábamos aquella tarde era inevitable dirigir la conversación hacia los temas de la violencia y la crisis social, económica y política que atraviesa el país. El problema más complejo es que se dice que se hace, pero en realidad no se hace nada, afirmó Castillo. Al igual que él, podía intuir las aristas de sus palabras a través de sus imágenes. Lo miré: quizás lo más terrible es que cuando pasa tanto tiempo, cuando suceden tantas cosas, cuando hay tantas heridas abiertas se extravía el origen y es mucho más complejo desenterrar la solución… ¿Tú no crees que esa situación se está trasladando a la vida social y política de la Venezuela actual?, ¿que los excesos en la represión, la justicia para unos y el abuso para otros, la cárcel, las torturas, las trincheras, los muertos sin reconocimiento, los civiles armados y las pugnas constantes, están comenzando a repetir esa fractura sin historia que investigas y que es la zanja más profunda que puede hundirse en el tejido vinculante de un grupo social? Guardó silencio por unos segundos. Sí, eso me tiene muy preocupado.