• Caracas (Venezuela)

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Eddy Reyes Torres

Lo que nos espera

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La crisis en Venezuela nos afecta en todos los órdenes y como nunca antes. Tenemos serios problemas en las áreas de seguridad, electricidad, agua, salud y alimentos. Pero ellos, de por sí dramáticos, giran alrededor de dos trastornos mayores: el económico y el político. Pocas veces en la historia de un país unos y otros se juntan a la vez. Esa rareza, precisamente, nos ha convertido en foco de atención mundial por parte de organismos multilaterales y de acreditados centros de estudios.

Lo anterior explica que el secretario general de Unasur, Ernesto Samper, haya presentado al Presidente de la República y su gabinete económico un conjunto de medidas para paliar el drama que nos acoquina. En ese sentido señaló que es necesario convocar a un foro de especialistas y técnicos en materia económica para dar un diagnóstico y buscar la alternativa que conlleve mejoras. Pero se adelantó indicando Tweet:

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qué es indispensable corregir aspectos de la parte productiva.

Otro amigo del gobierno, el ex presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, fue directo al grano y propuso sustituir la regulación de precios por subsidios directos, y que se sincerara el régimen cambiario estableciéndose una tasa única flotante.

Llama poderosamente la atención que detrás de los señalamientos de Samper y Fernández hay una velada crítica al régimen cambiario actual, mezcla de arroz con mango, que establece, por un lado, una tasa flotante de mercado (Dicom) –la cual se desplaza a paso firme en dirección a la tasa del mercado paralelo (DolarToday)–, y, por el otro, la tasa preferencial (Dipro) que no es más que la principal fuente de corrupción y bachaqueo.

Lo cierto es que las medidas antes sugeridas no son ni de lejos suficientes para salir de la crisis que padecemos. Además, mientras se avanza a paso de morrocoy en la concreción de una mesa de negociación o diálogo entre el Gobierno y la oposición, el deterioro del país se acentúa a pasos agigantados. Los expertos ya pronostican que, para fin de este año, el tipo de cambio del mercado paralelo se ubicará en el entorno de Bs. 2.000,00 y la inflación subirá a más de 600%. A la fecha, la liquidez monetaria se ha reducido de manera significativa, lo cual impacta la actividad crediticia de la banca. Por su parte, el precio de nuestra cesta petrolera apenas superará los 27 dólares por barril, lo que hace inevitable la caída de las ya menguadas reservas internacionales, aun cuando se hacen esfuerzos por conseguir un modesto financiamiento de China. Como consecuencia de lo anterior, la actividad económica se contraerá todavía más, afectando negativamente al Producto Interno Bruto (-10%, aproximadamente). Será pues inevitable que se aumenten el salario mínimo y el bono alimentario con su consecuente impacto inflacionario y recesivo.

Por si no fuera suficiente lo anterior, en lo político todas las cosas van de mal en peor. El gobierno, el Tribunal Supremo de Justicia y las diferentes instituciones del Estado controlados por la revolución no hacen más que subvertir al Estado de Derecho, adoptando decisiones contrarias a la Constitución y las leyes, alterando así el juego democrático. El nombramiento antes de tiempo de nuevos magistrados del TSJ, adeptos todos al PSUV y que para colmo no cumplen los requisitos para optar al cargo; el encarcelamiento de opositores por delitos inventados y sin sustento jurídico, lo cual contraría el principio Nullum crimen, nulla poena sine lege (no hay crimen ni pena sin ley); la actuación paquidérmica y obstaculizadora del Consejo Supremo Electoral con respecto al revocatorio; y la reciente manifestación del señor Bernardo Álvarez (sobrealimentado y saludable representante nuestro ante la OEA) de rechazar la ayuda humanitaria ofrecida a Venezuela porque “ella esconde un deseo intervencionista”, son muestras inequívocas de que el régimen no está dispuesto a rectificar en sus políticas autoritarias y contrarias a aquella razón de Estado que nunca excede los límites de la legitimidad.

De modo que, si no se produce pronto un cambio de rumbo económico y político, lo que nos espera es más sangre, sudor y lágrimas; a no ser que el bravo y glorioso pueblo diga la última palabra.

 

@EddyReyesT