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Roger Santodomingo

Las especies invasoras (Parte I)

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Las grandes invasiones llegan siempre por mar. Un barco proveniente de remotas costas africanas, atravesando el canal de Panamá, puede esconder una carga peligrosa de la que nadie se percata. Son especies alienígenas. Unas se embarcaron por accidente. Otras fueron atrapadas en el agua que el propio barco recoge del océano para hacer contrapeso y que luego fueron desechadas al llegar a puerto. También hay las que viajan contra su voluntad, fueron capturadas para ser vendidas de contrabando. Si sobreviven al viaje, escapan y se adaptan al clima, los que hacen largas travesías hasta un nuevo mundo podrán matar fácilmente a los nativos y conquistarán un nuevo territorio para su especie.

Con esto intento describir parte del fenómeno de las especies invasivas y abrir una conversación sobre las innovaciones necesarias para enfrentar una de las mayores amenazas globales a nuestra subsistencia.

Comencé con Allan Crawford del Fondo Mundial para la Naturaleza. Allan es un experto mundial en el tráfico ilegal de animales silvestres. Desde hace 20 años lucha contra bandas de crimen organizado que se enriquecen con la extinción de especies como elefantes, rinocerontes y tigres. Me explica que se trata de mafias que manejan un negocio de 20.000 millones de dólares al año.

Pero Allan me explica que “hay un impacto del tráfico ilegal que no es tan conocido. Es algo que tarda más en sentirse y sus consecuencias son más duraderas. Un animal o una planta silvestre de un país extranjero son introducidos por error o a propósito en un ecosistema donde no deberían existir. Es así que el tráfico de vida silvestre es uno de las causantes de la invasión de especies extrañas a otros ecosistemas y esto puede ser aún más devastador para los ecosistemas”.

Hay unos 7.000 tigres cautivos en Estados Unidos, más del doble de los que viven libres en su hábitat natural. Cuando estas mascotas escapan de sus amos y de zoológicos privados pueden asustar a mucha gente. Pero terminan sacrificados.

Los grandes gatos, los elefantes y rinocerontes son víctimas de tráfico, pero no son buenos invasores. Para sobrevivir, los invasores exitosos deben adaptarse fácilmente, reproducirse rápido, pasar inadvertidos y sorprender a sus presas.

Por ejemplo, la serpiente pitón de Birmania. Esta especie fue introducida en América como mascota. Pero la pitón no se conformó con ser domesticada y ahora está conquistando el Parque Nacional de los Everglades en Florida. Eventualmente, estas gigantes vuelven a visitar a los humanos, pero no son bienvenidas en los jardines y piscinas en Miami.

Llegan a vivir más que en su hábitat natural y por ello también llegan a ser realmente gigantes. No tienen enemigos naturales y pueden comerse desde pequeñas aves y mamíferos hasta grandes cocodrilos.

Un bosque cercano a mi casa en Maryland está siendo ahora devorado por hormigas que lograron hacer el viaje desde el Amazonas hasta Norteamérica. Las hormigas colonizaron la costa oeste de Estados Unidos y están destruyendo ecosistemas enteros, plantas y animales en islas del Pacífico como Hawaii.

La hormiga de fuego es uno de los invasores más implacables según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Organización que ha hecho una lista de más de 10.000 especies invasoras a escala global.

La lista la encabeza no una pitón o un tigre, sino un pequeño helecho flotante, la Salvinia molesta, una planta proveniente de Brasil que se usaba decorativamente, y ahora se extiende por ríos y lagos de varios continentes.

Cuando se reproduce forma un colchón verde sobre el agua que roba oxígeno y luz a peces y algas, destruye ecosistemas e incluso pueblos pesqueros. Con ella viajan otras especies en la lista de los más peligrosos: mosquitos, los transmisores del dengue y de la malaria, endémicos en el trópico y que ahora no conocen fronteras.

Las claves del éxito de toda invasión están en la historia. Los conquistadores tienen un tamaño, una velocidad, unos componentes o armas químicos sorprendentes, nuevos, en resumen, recursos y armas más avanzadas que los invadidos. A estas innovaciones letales se suma que nadie en los territorios conquistados los esperaba, cuentan completamente con el elemento sorpresa.

Lecciones que bien podrían aprender los emprendedores ambiciosos que aspiran a la conquista global de los mercados. Pero el tema que trato, también nos da una pista de las ideas necesarias para combatir una amenaza que puede desequilibrar irremediablemente nuestros ecosistemas. De lo cual hablaré en una próxima entrega.