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El espanto de Maduro

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Hay muchas maneras de atentar contra la libertad de prensa, desde la censura y la represión lisa y llana de las dictaduras hasta mecanismos un poco más sofisticados que pesan por la asfixia económica de los medios independientes de los gobiernos autocráticos. Pero, sinceramente, no recordamos dictaduras ni gobierno alguno que hayan apelado a silenciar las voces disidentes por el simple mecanismo de dificultar, hasta hacer imposible, la adquisición de insumos imprescindibles como son el papel, tinta, chapas y otros productos. Sin ellos, obviamente que es imposible imprimir diarios y sin medios impresos que circulen, las opiniones “molestas” quedan muy limitadas; además, no hay necesidad de censura o discriminación.

Ese es el camino que ha elegido el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Hace ya un tiempo que el papel imprenta ha sido retirado de la lista de bienes de importación prioritaria y el diabólico sistema para compras en el exterior que rige en Venezuela, que tiene poco de discrecional y mucho de arbitrario, se encarga de que las dificultades para adquirirlo se transformen en barreras insuperables.

Los primeros que han sufrido las consecuencias de esta escasez son los periódicos de provincia, que contaban con reservas limitadas de papel. Varios diarios del interior venezolano han cerrado por este motivo y otros están en puerta. La amenaza llega ahora a los medios nacionales, que han debido ajustar sus ediciones a esta situación: menos páginas, reducción de tirajes, eliminación de suplementos. No es el caso de los medios oficialistas; allí las esquivas divisas están a la orden. Una verdadera genialidad para controlar a la prensa y evitar las “impertinencias” de los periodistas.

Nicolás Maduro, es un personaje tragicómico. Por momentos parece de chiste (malo) y en otros adquiere un perfil peligroso desde el cual arremete contra las desvalidas instituciones de su país, libertades, derechos y garantías de sus ciudadanos ya bastante pisoteados. Lo del papel prensa solo es un ejemplo, pero también se encargó de crear el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria, que le permite declarar de carácter reservado, clasificado o de divulgación limitada cualquier información, hecho o circunstancia que considere estratégicos para preservar la seguridad nacional y prever y neutralizar potenciales amenazas de enemigos internos (los opositores) o externos. ¡Pavada de organismo! No se le escapa nada. Como si fuera poco, acaba de solicitar a la Asamblea Nacional (donde tiene mayoría automática) la sanción de una Ley Habilitante por plazo de un año (obviamente prorrogable), que le permitirá gobernar prácticamente por decreto para terminar con la corrupción en el país. ¿La corrupción de quién?

El chavismo lleva 14 años en el gobierno. Venezuela ocupa el lugar 165 entre 174 países evaluados, en cuanto al índice de corrupción por la percepción que tiene la ciudadanía del comportamiento de las instituciones del Estado, el mismo que preside Maduro con su corte chavista y por donde ingresan los miles de millones de dólares por la venta de petróleo.

También anunció que se impondrá por cadena de televisión nacional y dos veces al día, un noticiero preparado y editado por el estado (el “Noticiero de la Verdad”), que resalte la labor del gobierno, porque los medios privados “invisibilizan” (sic) lo logros de su gestión. Y, para culminar, decidió su retiro del Sistema Interamericano de Derechos Humanos desde el 10 de septiembre para que nadie controle sus actos, ni desde adentro ni desde afuera. Frente a violaciones a los derechos por el gobierno, los venezolanos no podrán apelar a la jurisdicción internacional ni recibirán relatores que marquen sus desvíos, presuntos o reales.

Junto a estas arremetidas de corte despótico, el disparate sobrevuela incesante como el pajarito de Chávez y no se limita al pequeño plumífero, cuyo silbido tradujo fácilmente gracias a su fluido manejo del pajarito-español, sino que agrega permanentemente nuevas perlas. Acaba de denunciar en un mensaje desde la sede presidencial que “estamos descubriendo un ataque masivo de la empresa Twitter y de la derecha internacional contra las cuentas de los patriotas bolivarianos y chavistas venezolanos y de varios lugares del mundo, contra mi cuenta inclusive, le acaban de quitar varios miles de seguidores”. Poco antes apareció en las cámaras de televisión anunciando la aparición de una supuesta imagen del rostro dl Hugo Chávez en la pared de un túnel que se estaba excavando: “Es la mirada de la patria”, describió. Pero lo más insólito, es que la imagen, “como apareció, desapareció”.

Podemos seguir: la creación del viceministerio de la Suprema Felicidad del Pueblo y su enojo porque ese nombre generó alguna burla que otra. Confundir la bíblica “multiplicación de los peces” con la chabacana “multiplicación de los penes”. Lanzar un servicio telefónico gratuito “0800 sabotaje” para recibir denuncias de conspiraciones de “la derecha apátrida” que busca “desestabilizar el país” y anunciarles a estos que Venezuela tiene “millones y millonas de combatientes”.

Si alguna duda quedara sobre los auténticos quilates de Nicolás Maduro, nada mejor que decir que también es el actual presidente del Mercosur, por la gracia de Dilma Rousseff, Cristina Fernández y José Mujica. Así vamos.