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Luis Ugalde

No esclavos sino hermanos

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Nuestra tragedia es para el cierre del año 2014: 25.000 asesinatos, 64% de inflación (casi 100% en alimentos), alto desabastecimiento con colas humillantes para adquirir lo más básico, recesión (la peor de América Latina) con tres trimestres seguidos de descenso en el PIB, y el petróleo, casi a mitad de precio. Esta grave situación no se puede tapar con insultos, ni ilusas “revoluciones” verbales; sino que reclama un gobierno responsable que asuma la emergencia nacional con decisión de corregir el rumbo, convocando de verdad a todos los venezolanos para producir las soluciones, que son imposibles para una sola mitad del país.

Lamentablemente, el gobierno dio señales opuestas a la sensatez y –con hechos dictatoriales– se apropió descaradamente de los poderes públicos (Legislativo, Judicial, Electoral, Moral…) haciendo ostentación de que el Estado venezolano no es de todos, sino exclusividad de ellos, porque circunstancialmente tienen el presupuesto nacional y la fuerza armada. Por ahora, tienen todo el poder para imponerse y toda la impotencia para hacer un gobierno medianamente presentable, pues están comidos por dentro por su incapacidad, corrupción y modelo fracasado. De nada sirven cuentos de guerras infantiles donde los malos quieren derrotar a los buenos “revolucionarios”.

No esclavos sino hermanos

Este es el título del mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz que se celebra el primer día de cada año. Nos recuerda Francisco que “la esclavitud, crimen de lesa humanidad, está oficialmente abolida en el mundo”. Sin embargo, agrega, “todavía hay millones de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud”. En condiciones de esclavos hay millones de trabajadores, emigrantes, mujeres obligadas a casarse o vendidas sin derecho al consentimiento, víctimas del tráfico y comercialización de órganos, secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas y otros obligados como combatientes y esclavas sexuales. ¿Por qué en el siglo XXI en sociedades poderosas hay tanta incapacidad para hacer un mundo más humano? ¿Por qué la fraternidad, tan cantada y añorada en los días navideños y en los abrazos de año nuevo, no prevalece y erradica la esclavitud del mundo? El papa responde: “En la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite el que pueda ser tratada como un objeto. La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o la constricción física o psicológica; es tratada como un medio y no como un fin. Esto sucede cuando al centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana”.

Se necesitan políticas concretas para eliminar las esclavitudes mencionadas, pero se requiere una voluntad decidida, que no se dará sin una “conversión que lleve a cambiar el modo de ver al prójimo, a reconocer en el otro, sea quien sea, a un hermano y a una hermana en la humanidad”. Sin esta conversión interna, continuarán las esclavitudes que aportan beneficios a los esclavistas.

De la misma manera es imposible enderezar nuestro país poniendo el poder por encima de la persona, repitiendo irresponsablemente insultos y descalificaciones, recalcando que no le importan ni los desacuerdos ni los sufrimientos de la mayoría, pues le basta la fuerza que siente tener en sus manos armadas. Esta manera de hablar y de actuar degrada al presidente. Las dictaduras suelen empezar con algún grado de justificación como salvadores de un mal mayor. Con el tiempo van perdiendo apoyos, se van corrompiendo, se endurecen y ciegan, aspirando al poder perpetuo, enfrentados a la mayoría del país. El ciclo se cierra con su caída. Es el camino que está recorriendo el grupo que se apropió del poder en Venezuela. Es suicida no reconocer la alarmante situación y negarse a abrir el camino para las soluciones.

Solo en espíritu de apertura y de reconocimiento mutuo entre los venezolanos  produciremos soluciones. Imposible lograr una Venezuela digna y libre sin fraternidad, ni solidaridad, ni reconocimiento de los otros. Hacia allá y de modo acelerado deben avanzar las fuerzas decisivas en el gobierno y en la oposición.