• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

La escasez en tiempos crisis

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Maduro lleva algo más de un mes desde que fue investido por el CNE (en las condiciones fraudulentas que conocemos) presidente de Venezuela, pero existe la percepción de que ha pasado mucho más tiempo. Este gobierno tiene el sol en la espalda. Luce marchito, a la defensiva. Esto sucede por varias razones que confluyen en un haz de ineficiencia que deteriora rápidamente la legitimidad, ya no solamente de origen, sino también de desempeño, que es tanto o más dañina y peligrosa que la primera.

Maduro navega en aguas procelosas infectadas de intrigas, delaciones y luchas intestinas que ponen de bulto la corrupción y la falta de valores éticos y morales de quienes usufructúan las canonjías de un poder ilimitado, sin ningún tipo de contrapesos, que convierten al régimen en frágil e inestable.

Sabemos que cuando este entramado de descomposición se enquista en las entrañas de las cúpulas que manejan un sistema político viene la decadencia acelerada, la pérdida de la mística que, en algún momento, termina por implosionar. Es decir, una ruptura interna que hace que los fragmentos de los chanchullos y las contradicciones sean expulsados al exterior, dejando al descubierto los viciados negociados que una vez fueron un secreto muy bien guardado por una camarilla de cómplices unidos por intereses grupales.

Las últimas filtraciones ocurridas dan la señal de alarma, de fisuras importantes en lo que fue un modelo cerrado, blindado a toda prueba, a la sombra del liderazgo y el temor que inspiraba el desaparecido conductor único y padre de la revolución bolivariana. Sus herederos están inmersos en un juego de poder, que a pesar de los esfuerzos por negarlo o disimularlo (las apariencias engañan) se vuelve patente de manera insalvable.

La falta de los productos de la dieta básica y de muchos bienes de consumo masivo es una herencia perversa de lo que ha sido una política económica de concentración de la producción en manos del Estado –después del llamado paro petrolero de 2002–, no por razones ideológicas (como lo han hecho ver), sino como consecuencia de un plan de centralización de la economía para mantener el control estratégico de los servicios básicos (electricidad, teléfonos y otros) y de la producción y distribución de alimentos, calcado del fracasado esquema generador de pobreza y miseria de la desaparecida Unión Soviética de Stalin y de la Cuba de los hermanos Castro.

Ahora bien, ante este cuadro desestabilizador, Maduro no atendió ni entendió la gravedad de la situación y nadie de su entorno tuvo la ocurrencia de alertarlo sobre lo que se le venía encima. La papa caliente del desabastecimiento y la escasez se hace insostenible, con sus graves derivaciones de pronóstico reservado. Pretender palear la situación a la carrera luce, por demás, complicado, con el agravante de que los boliburgueses de siempre se aprovecharán y tendrán las manos libres para oficiar de “salvadores”, con importaciones de emergencia al precio que sea y sin ningún tipo de control: ¡El negocio redondo!

De otra parte, proclamar a viva voz que se traerá papel higiénico (quién sabe de dónde) porque no hay, además de una torpeza imperdonable y hasta una ingenuidad, demuestra lo incapaces que son, por decir lo menos. O sea, que además de la carencia de alimentos, de repuestos de todo tipo, de artículos de higiene y tocador, de insumos para las empresas y otras “menudencias”, la revolución (ahora de Maduro) opera con el esquema mental de la “escasez” de ideas y de capacidad para resolver los problemas, que no se solventarán radicalizando la revolución. Las verdades selladas no existen…