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Fernando Ochoa Antich

Una equivocada política exterior

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La política exterior del gobierno de Nicolás Maduro empieza a mostrar las mismas debilidades y contradicciones que ya habían caracterizado al régimen de Hugo Chávez. Esa equivocada política exterior tiene, a mi criterio, tres errores conceptuales que la hacen sumamente inconveniente para el destino de Venezuela. El primero, considerar que nuestro país puede entrar en el juego de las grandes potencias; segundo, imaginarse que nuestras acciones internacionales deben ser dominadas por una visión ideológica; tercero, creer que siempre es necesario tomar una posición determinada en los tantos conflictos que surgen permanentemente en el mundo. Hugo Chávez, nunca entendió que el gran éxito que tuvo la política exterior de la democracia se originó como consecuencia del gran consenso interno que existió entre todas las fuerzas políticas para su conducción y su natural tendencia a buscar el equilibrio en todas sus acciones internacionales.

Imaginarse que Venezuela, una potencia media de la América Latina, está en capacidad de tomar parte en el natural enfrentamiento que surge entre las grandes potencias por el predominio mundial,  es no sólo un error sino una tontería. Lo conveniente, para un país como Venezuela, es guardar los necesarios equilibrios mundiales para beneficiarse, en cada oportunidad, de los hechos que ocurran. Actualmente, la humanidad vive una importante transformación. Durante medio siglo, el mundo fue bipolar, encontrándose dominado por la Guerra Fría. En la década de los noventa, después de la caída del muro de Berlín y del estruendoso fracaso de los Estados comunistas, el mundo se transformó en unipolar. Estados Unidos logró imponer los valores que su sistema político y económico representaban. Actualmente, el mundo se orienta hacia un mundo multipolar, en el cual ha empezado una lucha, por el predominio mundial, entre los grandes países: Estados Unidos, Rusia, China, y Europa.

Hace algunos años surgió la absurda tesis “del fin de la historia” de Francis Fukuyama, en la cual su autor consideró que la derrota del comunismo significaba la victoria definitiva del capitalismo y del liberalismo como sistema político, en medio de la desaparición de la ideología como instrumento de transformación social. En realidad, todo régimen político tiene una ideología, pero esa visión particular del hombre no significa que ese pensamiento deba rechazar las grandes transformaciones de la humanidad producto del natural devenir de la historia. No hay duda, que los valores de la democracia liberal y la sociedad de mercado han demostrado su vigencia, como también los valores impulsados por el socialismo, los cuales se han materializado en los derechos sociales. Considerar, que la ideología que orienta el régimen chavista debe imponerse dogmáticamente en todas las acciones internacionales es un gravísimo error que puede comprometer el destino de Venezuela.

Un aspecto realmente curioso del gobierno de Maduro ha sido su natural tendencia a involucrarse activamente en cualquier crisis internacional, estableciendo siempre una posición que lo conduce al enfrentamiento con uno de los actores mientras respalda a la otra parte del conflicto. Eso sí, siempre busca enfrentar al posible aliado de los Estados Unidos, sin analizar los reales intereses de Venezuela. Al contrario, durante los gobiernos democráticos, la política exterior venezolana se caracterizó por un trascendente equilibrio que le permitió colaborar activamente en la solución pacífica de los conflictos regionales. Los ejemplos de Contadora y del Grupo de Río mostraron su eficiencia en la solución de los conflictos armados existentes en El Salvador, Nicaragua, y Guatemala a través de la Acuerdos de Estipulas. Lamentablemente, esa política de equilibrio fue dejada a un lado por el  chavismo para reemplazarla por esa marcada tendencia al conflicto.  Definitivamente, una política exterior totalmente equivocada.

fochoaantich@gmail.com