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Armando Janssens

La energía social en 2015

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Nadie duda de que el que comienza ha de ser un año difícil. En todos los campos de la vida pública se prevén complicaciones diversas. En lo económico sobresale el problema del abastecimiento y de los altos precios. No menos de 100% aumentó el precio de la mayoría de los productos alimenticios, y hasta se compra, con frecuencia, a cinco o más veces que al precio oficial. En el campo político, serán las elecciones para diputados a la Asamblea Nacional, que han de asegurar tensiones y duras luchas. Ambos bandos, gobierno y oposición, tendrán dificultades, tanto para definir sus candidatos y para lograr coherencia interna entre sus integrantes.

Pero será en el campo social donde se hará sentir más la tensión acumulada. Los primeros días de enero nos hablan, en todas partes, de largas colas para conseguir lo básico, llegándose a la ausencia de alimentos diarios indispensables. La gente se pone nerviosa y molesta y comienza a expresarlas con mayor claridad. Además, los altos precios debilitan la economía familiar, y un número creciente de la población está llegando al borde de la tan temida pobreza que se había logrado superar en una parte importante. 

Frente a eso, surge la necesidad de aclarar el trabajo de las organizaciones sociales de promoción social y humana que están presentes en muchas partes del país. La gran variedad de iniciativas, que ya están en marcha, deben ser mantenidas y consolidadas. Por ejemplo, en lo que se refiere a los microcréditos, será necesario adecuarlos a las nuevas circunstancias donde un mayor número de gente buscará  tomar iniciativas productivas para salir adelante en medio de la crisis. La asistencia técnica y gerencial para sostener los emprendedores necesitará la mayor agilidad y creatividad para llevar  adelante lo iniciado en tiempos difíciles.

Pero especialmente me quiero referir al trabajo comunitario con los habitantes de nuestras zonas populares y sus numerosas organizaciones. Es allí donde radicará nuestra mayor responsabilidad de presencia y orientación. No sería nada extraño que el desaliento y la crisis social se expresa en reuniones pero igualmente en actitudes y acciones que hasta en cierto momento se puede convertir en violentas y destructivas. Ni en lo mínimo lo deseamos. Más bien con toda nuestra fuerza debemos evitar eso y buscar soluciones  y acciones más reales. 

Todos guardamos en nuestra memoria colectiva el mal llamado Caracazo, y todos sabemos las consecuencias funestas de muertos, heridos y afectados que nos trajo esta violencia irracional. Todos sabemos que es un peligro real que cosas similares se reproduzca en algunas partes donde el descontento y la desesperación no encuentra caminos de solución satisfactoria. Pero evidentemente eso no se queda solamente en eso. Hoy en día las fuerzas militares y policiales, acompañadas de algunos colectivos, darían una respuesta contundente que no será con agua bendita sino con fuerza y una gran represión. Los jóvenes estudiantes de Barquisimeto y muchos otros pueden hablar de eso y medir las consecuencias fatales que están selladas hasta en sus cuerpos.

Debemos, como gente responsable, hacer todo lo posible para evitar la violencia irracional con todas las consecuencias. Convencido del valor de la dinámica democrática y de la búsqueda de la paz, estamos moralmente obligados a orientar a nuestra gente y grupos a salidas que no involucran la posibilidad de llegar a la frontera o pasar la de la violencia. La Constitución debe servir para definir las acciones, también si otros la utilizan según su antojo. Y no podemos permitir que nuestros propios sentimientos o posiciones políticas definan nuestra orientación y acompañamiento y creen situaciones conflictivas no deseadas.

Protestar es un derecho, pero también es un aprendizaje que debemos dosificar con madurez y equilibrio. Es normal que grupos y personas deseen reclamar su derecho y buscar respuestas a sus necesidades afectadas. Pero por todos los medios y hasta donde depende de nosotros los debemos ayudar a planificar para que el reclamo sea oído y tomado en cuenta sin ser destructivo o poner en peligro la vida de la gente. 

Es bueno  tomar contactos con los defensores de los derechos humanos para asegurar la legalidad. Felizmente disponemos en nuestro país de muy serias y reconocidas organizaciones de derechos humanos que están a la orden para informar y orientar las acciones legales.

Crear un ambiente de conversación y diálogo y crear, como hoy se llaman, “conversatorios comunales” donde la gente se encuentra y se puede expresar con libertad y tolerancia. Es en este contexto que todo tipo de problema social que nos atañe puede ser expresado y valorizado. Es igualmente en este contexto que se pueden buscar las soluciones y tomar iniciativas para superar el problema planteado. Conocemos algunas experiencias en las que el problema de la falta de agua se superó en la medida que el grupo responsable logró de dominar el juego de las llaves de paso y así asegurar una distribución más equitativa. Lo que durante años no se solucionó a pesar de las cartas a las instancias correspondientes y reclamos públicos, se convirtió y se solucionó en un apoderamiento de la comunidad. Algo similar nos ha pasado con la basura, a pesar de lo limitado del resultado.

No dudo que la situación actual que se presenta en este año 2015 es y será más compleja que lo anteriormente descrito. La gran variedad de factores que están en crisis necesita de decisiones políticas de alto nivel que normalmente superan la capacidad de nuestros grupos  populares y asociaciones civiles. Espero que los líderes políticos tengan la valentía de reconocer sus fallas al mismo tiempo de tomar las medidas para ir a un país más equilibrado y armonioso.

Solamente el diálogo entre todos a partir de la realidad diaria de la gente, con la necesaria presión desde las bases variadas, será el método para salir adelante y de nuevo convertirnos en un país de progreso para todos. Tantas cosas logradas no pueden perderse por falta de capacidad política. Apelar al sentido común y luchar con armas legales y constitucionales. Esperamos que en un momento del futuro nos podemos reconocer parte de un mismo país.