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Antonio Sánchez García

Si las encuestas votaran

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Confío tanto en las encuestas como en las fotografías. Desde que se popularizara el Photoshop no hay arruga, ojeras ni manchitas que valgan. Cinco minutos de laboratorio y tenemos a una bruja convertida en doncella y a una princesa en ranita. Son los milagros de la tecnología. A cuyo abuso las empresas encuestadoras con declarados fines de lucro no trepidan en acudir para satisfacer a su interesada clientela.

Pero de que vuelan, vuelan. Si se prescinde de las manifiestamente facinerosas – tipo Schemel Hinterlaces, fuente de ominoso enriquecimiento para sus propietarios, siempre al servicio del régimen - y no se les confiere el omnímodo poder de decidir por nosotros, como quisieran quienes comercian con ellas o les delegan sus decisiones – y en Venezuela avergüenza la cantidad de decisiones de alta política tomadas o justificadas por más de un secretario general en atención “a los numeritos” – y se les consulta como una referencia a la temperatura electoral y a los movimientos de la superficie de las aguas en disputa, pueden aportar luces para esclarecer el oscuro y siempre tenebroso túnel de nuestra lucha política. Teniendo en claro, obviamente, que por más realistas, preclaras y asertivas que sean, la última palabra la tienen unas señoras que sirven de ministerio de elecciones al régimen más opaco, tramposo y malhechor de nuestra historia. ¡Y los ha habido suficientemente malvados como para resaltar a los presentes!

Yo quisiera dedicarle una somera atención a dos o tres variables que destacan en todas ellas en referencia a los próximos comicios electorales: la percepción mayoritaria en cuanto a la situación general del país, las principales preocupaciones y temores que envuelven a la ciudadanía y sus preferencias en cuanto a las decisiones políticas inminentes.

Tomaré como marco referencial a una encuestadora de vieja data, en su momento de bonanza política preferida por el partido AD, pero desde hace 14 años cercana al gobierno y sus partidos: IVAD. Sorprende, de entrada, una variable que sirve para enmarcar la coyuntura: la apreciación del elector respecto de la situación general del país. Tomando en cuenta que la encuesta analizada abarca el período que va del 19 al 26 de julio del presente año y que en este tercer trimestre la percepción podría haber variado, lo cual debe ser verificado confrontando sus resultados con otros de este último trimestre, valga señalar que el bloque que reúne a quienes expresan que la situación va de regular a mala (14,7%), es simplemente mala (30,2%) o muy mala(21,3%) abarca el 65% de la población encuestada. Mientras que aquella que la considera buena (21,8%) o muy buena (11%) se restringe a un 32,8%. El resto o no sabe o no contesta.

Una primera realidad que no se ve desmentida ni por Keller & Asociados, ni por Consultores 21, es que de cada 3 venezolanos, dos perciben la realidad como mala o muy mala, mientras que sólo uno la considera buena o muy buena. Si esta apreciación panorámica sobre nuestra realidad tuviera un inmediato correlato electoral, la catástrofe para los candidatos del régimen sería descomunal, irreversible e irremediable. Pero insisto: una cosa es la fotografía, otra la realidad. Sin considerar los hechos espeluznantes con los que el gobierno ha pretendido revertir esta tendencia – si lo sabe un pobre analista como quien esto escribe, mucho más lo sabrán los cubanos, que tienen la sartén por el mango, los altos mandos del ejército, enfrentados a sus dudas hamletianas y las altas esferas de gobierno, arrinconadas en su brutal inoperancia. Visto que del oleaje de saqueos no se sabe si serán beneficiosos o perjudiciales para quienes lo promueven. El robo o adquisición abusiva de un electrodoméstico ¿condiciona la voluntad electoral? Aún no conozco una encuesta a partir de esa inédita variable: los saqueos consentidos o el caracazo a cuentagotas.

La variable que no sufrirá merma y que podría explicar en parte el afán psicopatológico por hacerse de un televisor de pantalla plana para que la familia se entretenga durante las horas de toque de queda que se vive al oscurecer en todos los barrios populares del país, es la de la inseguridad: el 81,8% de la población encuestada lo considera el principal problema del país. Un factor que las elecciones hondureñas acaban de destacar: el chavismo hondureño representado en la mujer de Zelaya fue duramente castigado porque el asesor de su contrincante victorioso, JJ Rendón,  asumió dicho problema como esencia de su campaña. Y un 52, 9% de la población culpa al gobierno por esa angustia básica y fundamental del venezolano. Un poco menos de quienes, angustiados por los acontecimientos que se suceden tras la muerte del comandante, consideran que la situación política que se vive en Venezuela es inestable: un 56.3.

La percepción en cuanto a la situación económica, otra variable que explica la desesperación adquisitiva que ha hecho presa de los venezolanos, un factor en general más nebuloso que respecto de la inseguridad, sobre la que existe mayor unanimidad, no debiera dejar de preocupar al gobierno y sus candidatos. Más allá de la confusión reinante, llegado al momento de la verdad, un 49,6% de los venezolanos la considera mala o muy mala. ¡Y sólo un 9,8% la considera buena o muy buena!  El resto se difumina entre opciones que no modifican el cuadro general: para lo venezolanos la situación económica no sólo es mala, sino que en un 65,2% ha empeorado respecto del año anterior. Sólo para un 11,4% ha mejorado. ¿Se encontrarán en ese 11,4% los componentes de nuestras Fuerzas Armadas, que reconocen que se les da lo que piden, pero confiesan estar perfectamente conscientes del lamentable estado en que se encuentra la Nación? Al parecer, el valor del voto ha adquirido alturas y montos imposibles de satisfacer por las maquinarias cohechadores del régimen, cuyas reservas internacionales están desparramadas por el piso de las bóvedas del Banco Central.

Otro de los problemas que parece picar y extenderse es el de la electricidad. Un 74% de los encuestados declara sentirse afectado por los habituales cortes de luz y de entre ellos, un 43,4% culpa a las autoridades de gobierno. Sin que el resto declare vivir en el más luminoso de los universos o levante expedientes contra los cachicamos o las ratas.

La corrupción nunca fue una preocupación mayoritaria y popular. Pero el equipaje transportado a Paris bajo protección de oficialidad uniformada lleva a la conclusión de que el próximo año, de seguir este gobierno en el poder, se continuará demoliendo la moralidad venezolana o incluso empeorará. Es la opinión de un 56.5% de los consultados.

Culmina la encuesta haciendo una evaluación de las ejecutorias de Nicolás Maduro tras un trimestre de gobierno. Entre el 16 y el 29 de julio pasado, hace exactamente tres meses, 7,8% de los venezolanos encuestados la consideraban excelente; 18,8% la estimaron buena; 17,2% la evaluaron como mala y un 20,6% la rechazó por pésima. En síntesis; cuenta con el respaldo duro del 26,6% y un rechazo tanto o más duro del 37,8%. Como para preocuparse y ordenar saquear a destajo, a ver si los numeritos sufren una impetuosa modificación. ¿Será posible?