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Armando Janssens

El empresariado responsable

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Hace pocos días, el ministro del Trabajo del actual gobierno, Jesús Martínez, hizo referencia a Eugenio Mendoza como ejemplo de un empresario que se preocupaba por sus trabajadores y hasta les aseguraba vivienda. Una opinión inesperada y refrescante de parte de un alto dirigente oficialista, tan contraria a los juicios, los insultos y las humillaciones que con frecuencia los empresarios deben aguantar y soportar estoicamente. Cuántas úlceras, taquicardias y depresiones no han soportado para sobrevivir en este mar caótico, y lograr trabajar agachados o con cara levantada, pero con el sabor amargo en la boca de sentirse permanentemente acusados y enjuiciados de manera kafkiana.

Ciertamente, Eugenio Mendoza ha sido un empresario de primera, con una visión social muy anterior a lo que hoy en día se define como responsabilidad social. Todavía hoy en día la mayoría de las iniciativas sociales que él plasmó en diversas fundaciones siguen vigentes y son activamente gestionados por sus descendientes.

Pero no solamente él, sino también muchos otros empresarios que surgieron en esta época trabajaban con una gran inquietud social. El país que estaba iniciando su modernización necesitaba gente creativa y socialmente preocupada. Además, vale la pena hacer referencia a los centenares de inmigrantes italianos, españoles y portugueses, y muchos otros que se incorporaron al trabajo industrial y comercial. Todos ellos, aún con la memoria muy fresca de la miseria vivida en tiempos de la guerra que azotó a Europa, siguen firmes en el deseo de construir ahora un país de convivencia social y de progreso integral. 

Contrario a lo que se suele pensar, nuestro empresariado ha sido promotor de variadas iniciativas sociales que, años más tarde, países de Europa copiaron. Tal es el caso del Dividendo para la Comunidad –de gran impacto entre nosotros– que todavía hoy en día funciona con aportes de numerosas empresas. Este movimiento fue ampliado con muchas otras iniciativas vinculadas a la Iglesia Católica o bajo su amparo.

Los años de las vacas gordas se convirtieron, en la década de los ochenta, en años de las vacas flacas. La situación económica se debilitaba, los prejuicios ideológicos aumentaban y el Estado asumía un papel paternalista, lo que debilitaba el impacto de la acción empresarial y civil. Se introdujo, además, en la opinión pública, un enfoque económico sesgado según el cual lo único que valía eran las ganancias exorbitantes, y en el que la dimensión social y humana estaba ausente en los balances.

En la década de los noventa, ante el empobrecimiento del país, resurge con vigor lo que se ha dado en llamar la responsabilidad social. Un nuevo paradigma se ha ido constituyendo en el mundo occidental y en nuestro país. La empresa no es una isla lejana, separada de la vida diaria de la gente. Las empresas deben preocuparse de su entorno. Es contradictoria una empresa exitosa en un sector de gran pobreza. Las primeras iniciativas sociales se dirigen así al entorno físico, los barrios y sus habitantes aledaños. Se impulsan proyectos en los que se promueve el desarrollo social y humano de los involucrados. El tema de la vivienda y el de los servicios públicos, como el deporte y las escuelas, son atendidos. Pensemos, como ejemplo, solamente en los substanciales aportes de parte del empresariado, y la banca en especial, a iniciativas como las de Fe y Alegría, Fundación La Salle y las nacientes orquestas juveniles. Hasta se logra la colaboración de un buen número de municipios que mancomunadamente realizan iniciativas que apuntan a lo que luego se llamará el desarrollo sustentable.

Nace además así lo que se ha dado en llamar “la base de la pirámide”, apuntalada en la clara conciencia de que la mayor parte de sus productos son adquiridos por los sectores populares, con sus características específicas, culturales y sus limitaciones económicas. A las empresas, la tarea de trabajar en función de las grandes mayorías y adecuarse a ellas.

No está a mi alcance el poder describir la evolución y la reflexión que se está dando en muchos frentes. Organizaciones como Venamcham que creó, hace muchos años la Alianza Social, se convirtió en la referencia mayor de este proceso y reúne a empresarios y líderes sociales en una permanente reflexión con directo impacto en múltiples acciones. Sus manuales, inventarios y libros relacionados son un claro testimonio. A pesar de fuertes limitaciones actuales, los contactos y los apoyos mutuos siguen vigentes y reflejan su permanente preocupación.

Un importante paso es lo que se ha dado en llamar “empresa socialmente responsable”. Es un concepto más integral que apunta no solamente a las responsabilidades para con terceros, sino que también incluye a todos los que trabajan en la empresa (trabajadores, supervisores y gerentes) o que están vinculados en el quehacer productivo, como son los proveedores, los distribuidores y –muy importante– los clientes que adquieren el producto y exigen una alta calidad a un precio razonable.

Vale la pena subrayar la atención que hoy en día se presta a la formación del personal, tanto en el campo de su capacidad técnica como en su desarrollo humano y familiar. Esto último es novedoso y expresa la evolución de la empresa moderna en la atención más integral a sus colaboradores de primera línea, como son los trabajadores. Personalmente conozco algunas empresas que promovieron talleres de crecimiento humano para su personal –invitando incluso a sus cónyuges– y que resultaron muy satisfactorios para todos. La empresa no es más percibida como una isla aislada, sino como una gran comunidad de intereses.

Quiero terminar conscientemente con una nota esperanzadora, contraria al ambiente que hoy en día nos rodea en nuestro país. Vivimos momentos muy críticos y contradictorios, pero no hay callejón sin salida. No podemos bajar la guardia, ni descuidar nuestro enfoque social. Todo lo que invertimos en promoción humana y social será contabilizado en el futuro. La nueva cultura empresarial está para instalarse definitivamente, temprano o tarde. Como siempre, te invitamos a formar parte de esta nueva generación.