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Armando Janssens

Los emprendedores: burbujas de libertad

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Hoy en día hablamos de emprendedores, antes de microempresarios. Significan casi lo mismo. Se trata de iniciativas económicas, de no mucho alcance en su origen, a partir de iniciativas de una, de dos o de tres personas. Tales iniciativas existen desde hace años, pero en los últimos tiempos han adquirido una mayor visibilidad. Lo que antes era considerado casi marginal y de escasa importancia, ha adquirido mayor visibilidad y reconocimiento.

Miles de personas tomaron la iniciativa de crear su propia empresa informal. Han reunido algo de dinero proveniente de sus prestaciones ahorradas o de un pequeño apoyo de un familiar o amigo para iniciar, con temor, pero con mucha convicción, el camino de un emprendimiento. Normalmente trataron de comprobar con anticipación si su idea funcionaría porque “muchos son los llamados, pero pocos los escogidos”. Puede ser el caso de la señora que hace hallacas y comprueba que a la gente le gustan y, hoy en día, produce miles de estas delicateses durante todo el año. O el caso de la joven que no consigue la comida para su gato enfermo y –gracias a Internet comienza a producir la comida adecuada que hoy en día se vende en muchos mercados. También está el caso de la joven dibujante y artista que elabora para sus amistades originales trajes de baño y que, dos años después, vende sus productos en varias boutiques. Vale la pena mencionar a aquellas señoras que se iniciaron haciendo tortas bien adornadas y que ahora tienen un negocio de comida; algunas llegan a establecer su propia agencia de festejos.

No todos los casos son tan llamativos, como los miles de pequeñas bodegas en nuestros barrios, los talleres de reparación de electrodomésticos, algunos centenares de carpinterías y las pequeñas fábricas de confección de ropa y de zapatos, para no hablar de las ventas de helados y de dulces caseros. En un barrio de Catia, donde ejerzo, desde hace años, mis servicios pastorales, pude contar 33 diferentes iniciativas para asegurar el sostenimiento de la familia.

Desde hace casi treinta años el Grupo Social Cesap inició en Catia y en Maracaibo algunas experiencias de microcréditos que progresivamente se consolidaron en otras ciudades del país por medio del programa AUGE. Hoy en día, sigue funcionando con satisfacción, gracias a un crédito blando que se obtuvo del BID. Ahora se amplió su acción con un ambicioso plan de “coaching”, donde decenas de emprendedores participan para adquirir el conocimiento y las capacidades creativas para desarrollar de manera eficiente su negocio.

Desde hace más de diez años los bancos están obligados a abrir una cartera para el microcrédito lo que ha ampliado el acceso al crédito a microemprendedores. El propio gobierno creó el Banco del Pueblo y el Banco de la Mujer, este último con programas de asistencia bien manejados. Una de las mejores iniciativas es, sin duda, Bangente que se creó hace quince años (1998). Se trata de un consorcio liderado por Bancaribe, con la participación de tres organizaciones sociales, entre las cuales está Cesap, más la participación activa de algunas multilaterales como CAF, BID y la asistencia de Acción, desde Colombia. A lo largo de los años más de 300.000 pequeños créditos han sido otorgados. En este momento hay alrededor de 55.000 créditos activos, con una morosidad de 0,6%. ¡Un hecho llamativo!

Esta realidad descrita muy sucintamente refleja valores de gran alcance, tanto en lo relativo a una nueva mentalidad en los emprendedores y sus familias, así como en su entorno directo. Con una evidencia asombrosa no viven ni esperan un regalo paternalista, ni están centrados en el gobierno o en el partido para obtener ventajas. Viven de su propio trabajo con gran constancia y responsabilidad. Su mayor anhelo es lograr mantener y hacer crecer su iniciativa y, de esta manera, elevar el nivel de vida personal y de su familia, unido al mejoramiento de la casa y la continuidad de la educación de los hijos.

Es llamativo su deseo de alcanzar mejores niveles en el negocio mismo: calidad del producto y de la atención al cliente, manejo de la contabilidad y pago puntual de sus créditos. Viven atentos a nuevas posibilidades para mejorar su trabajo; no pocos buscan en Internet la información necesaria. La constancia es una característica básica.

Todos ellos, hombres y mujeres emprendedores, están vacunados para no ceder espacio de libertad o la iniciativa al Estado absorbente, ni al partido de turno que trata de dominarlos. Sufren las consecuencias de una burocracia que dificulta su reconocimiento legal. No tienen fácilmente acceso a la seguridad social, y la Ley de Trabajo no se adecua a la realidad de estas iniciativas económicas y de sus colaboradores ocasionales.

Realmente, son creadores. Y tienen libertad: libertad de trabajar más horas de lo normal, de introducir cambios y de promover nuevas iniciativas; libertad hasta de fracasar y de recomenzar; y de sentir orgullo de saber que son dueños de sí mismos. Orgullo de ver progresar su familia, sus hijos y de mantener el sueño de un progreso a pesar de todas las limitaciones existentes y actualmente agravadas.

¡Cada emprendedor y su familia es una burbuja de libertad!