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Manuel Felipe Sierra

Otra elección

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¿Es posible prolongar por más tiempo la ausencia de Chávez en la jefatura del Estado? ¿Está el chavismo en condiciones de asumir el costo que significa un vacío de gobernabilidad que ya se siente en todos los aspectos de la vida nacional? Pareciera que Chávez (todavía resentido por las complicaciones postoperatorias) vendrá al país en los próximos días. En ese momento, además de juramentarse posiblemente ante el TSJ, solicitaría la activación de la disposición constitucional que autoriza que el presidente de la Asamblea Nacional asuma provisionalmente el poder y se convoque a nuevas elecciones. Nada distinto de la hoja de ruta que el mandatario dejó establecida antes de su viaje a La Habana el pasado mes de diciembre.

Una situación semejante, perfectamente probable por lo demás, provocaría cambios en el escenario político. Todo indica que el oficialismo tiene resuelto el tema de la candidatura con la postulación de Nicolás Maduro. No en vano durante estos días de provisionalidad el vicepresidente ha venido desarrollando en la práctica una precampaña electoral que además remeda el tradicional estilo del liderazgo chavista. Las diferencias notorias entre Maduro y Diosdado Cabello que se pronosticaban críticas se habrían atenuado ante la necesidad de presentar una fórmula presidencial suficientemente sólida para preservar el rumbo del proceso. ¿Con el clima de triunfo que priva en el chavismo por sus recientes victorias y el efecto emocional de la no presencia de Chávez por primera vez en una confrontación electoral cuál de las tendencias internas enfrentadas se atrevería a propiciar el conflicto o la ruptura?

Para los sectores democráticos una nueva elección plantea algunos retos. En primer lugar, el tiempo de campaña no jugaría a favor del candidato que se escoja; ya está más que comprobada que la estructura del CNE no garantiza la transparencia y la confiabilidad del voto; y además se activarían nuevamente los mecanismos del “ventajismo del Estado” como uno de los factores que suelen estimular las victorias oficialistas. Está también la necesidad de seleccionar un candidato capaz de mantener la cohesión de la MUD, incluso ampliar sus alcances. En sana lógica, y aprobada la vía del consenso, el aspirante natural y con mayor opción es Henrique Capriles Radonski, aunque ya entran en juego públicamente otros nombres. De convocarse a la nueva consulta ésta, más que centrada en los candidatos, debería propiciar la presentación de un programa “mínimo de gobernabilidad” en sintonía con la gravedad de la crisis actual; y que además sea capaz de comprometer a sectores más allá de los partidos políticos en una estrategia que trascienda el acto comicial y permita avanzar hacia la construcción de una nueva mayoría.