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Luis Ugalde

Por ejemplo, el turismo

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El bien más preciado y escaso es un trabajo productivo bien remunerado. No sólo en Venezuela, sino en el mundo. Entre nosotros, de 13 millones en edad de trabajo (la mal llamada "fuerza" de trabajo), 8 millones están desempleados, subempleados o con trabajo precario. Lo sufren ellos, sus familias y el país. Venezuela necesita exportar al mundo bienes y servicios de calidad, producidos por millones de trabajadores, pero lamentablemente seguimos acogiéndonos a la sombra de los recursos naturales, y nos aferramos a la falsa creencia de que somos un país rico, porque tenemos recursos petroleros, mineros y paisajísticos. Ignoramos, despreciamos y no desarrollamos nuestra verdadera riqueza que es el talento humano de millones de venezolanos. Por eso tenemos una sociedad pobre esperando el reparto de la "sopa de los pobres" (a veces millonaria para los de arriba) por parte del gobierno dueño circunstancial de la mina estatal.

El turismo en pocos años podría generar 10 veces más empleos productivos que toda la industria petrolera. Venezuela por sus parques y bellezas naturales está en los primeros puestos entre 129 países del mundo, pero está en la cola (puesto 126) en infraestructura, servicios y seguridad al turista y entre los primeros en desestímulo a la inversión emprendedora.

No conozco al señor Julio Arnaldes, presidente del Consejo Superior de Turismo, pero sus análisis en las páginas de Economía y Finanzas de El Nacional (29-5-13) son claros y explica con una lógica contundente el estancamiento y el retroceso de nuestro país en cuanto a turismo extranjero: apenas recibimos medio millón al año, cuando Cuba o República Dominicana ­más pequeños y con menos atractivos naturales­ nos multiplican por 6. Países como España reciben más turistas que el total de su población.

En esa proporción recibiríamos 30 millones al año, lo que generaría empleo directo e indirecto superior a cualquier otro sector.

Sin llegar a eso, la transformación será extraordinaria si de verdad el país se propone recibir 5 millones de turistas dentro de 6 años.

No son misteriosas las razones de nuestro desastre turístico sostenido o empeorado en los últimos años. El turista en Venezuela busca lo que el venezolano consigue cuando va fuera: buena atención y calidad al mejor precio. Sin esto, toda retórica es inútil. Cito algunos de los hechos señalados por Julio Arnaldes: No se ha desarrollado la infraestructura necesaria. Sin seguridad no se puede promover el turismo en el exterior. Por eso en América Latina el turismo crece 30% y en Venezuela apenas 5,5%. Un vuelo chárter de Europa a Venezuela cuesta alrededor de 10.000 dólares y a República Dominicana 3.000. Las trabas burocráticas, los controles de dólares, la inseguridad, las carencias y fallas en la infraestructura y en la atención humana... son otros tantos obstáculos que debe vencer el turista, mientras que tiene otras alternativas en el Caribe con calidad y facilidades. A esto se suma la falta de continuidad en los responsables y en las políticas turísticas con 5 ministros en pocos años, más la mala imagen del país derivada del cuadro político.

Las inversiones públicas y privadas combinadas deben cambiar este panorama; pero nadie camina junto a otro si conoce su intención de secuestrarlo o matarlo al final del camino, como quiere el régimen con la empresa privada.

La formación del personal para el buen desarrollo y atención del turista puede ser rápida y atractiva, pero hemos ido en dirección contraria: como muestra el hotel Alba (antiguo Hilton) en quiebra y franco deterioro desde que se estatizó; o el Meliá y el Sheraton en el litoral central, hoy ruinas atrapadas por la desidia y las falsas promesas... La ineptitud y la corrupción gubernamental ni se corrigen ni se ocultan con sólo añadir adjetivos como "bolivariano", "socialista" o "revolucionario"; siguen siendo ineptos y ladrones Escogemos el tema del turismo, pues choca a primera vista.

En esa y en todas las áreas debemos aplicar los medios necesarios para conseguir los fines deseados con verdadera coherencia y tenacidad y desarrollar el potencial humano-productivo del venezolano y del país. Esa transformación es urgente e indispensable en primer lugar en todo el sistema educativo, hoy tan desestimulado que los educadores son martirizados por el hecho de dedicarse a lo que más le hace falta a nuestro país. Bajémonos de la retórica ideológica y vayamos a soluciones concretas. En el talento humano está el futuro de Venezuela en turismo y en todo lo demás.