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Pedro Conde Regardiz

Otros efectos de la crisis petrolera

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Solo los miembros del gabinete económico del gobierno están presuponiendo algunos posibles sucesos en el mercado petrolero para fundamentar conjeturas que permiten estimar una reducción, este año, muy inferior a la que se infiere de la realidad para los ingresos fiscales petroleros. Se ha comentado satíricamente que los integrantes de dicho gabinete son muy “coherentes” en proporcionar una explicación irreal de los hechos económicos. Pues bien, ahora vuelven a demostrar esa “coherencia”, ya que están subestimando la crisis petrolera y, por tanto, la merma en los ingresos fiscales, lo cual implica que nuevamente sobrestiman los probables ingresos futuros, tal como lo hicieron al formular el presupuesto de 2015 y, peor aún, el de 2016.

Muchos compatriotas muestran preocupación porque el gobierno lleva, desde el comienzo del año, un ritmo de gastos como si fuese a percibir los recursos que estimó en octubre pasado, y todavía casi seguirá su ritmo de dispendio basado en que no es tan importante la rebaja en las percepciones fiscales. Esta conducta gubernamental de no ajustarse a una estimación prudente de los ingresos lo llevará a que posiblemente carezca de fondos, para el próximo mes de julio, con qué financiar sus gastos, lo cual sería, con distintas dimensiones, una profundización de la crisis, cuyas repercusiones son perfectamente previsibles. Este, en mi opinión, es el hecho cumplido que el gobierno presentará a la Asamblea Nacional para justificar nuevos y onerosos endeudamientos, o, peor, para estatizar los depósitos bancarios, la banca, u obligar a la banca a comprar letras del tesoro, bonos públicos, que absorban sus reservas y depósitos, secando así lo que pudiese canalizarse hacia las actividades productivas y comerciales privadas. Hablan por eso de “emergencia económica”, “guerra económica”. No sería extraño, pues, que esa sería su consigna para “poner orden en las finanzas públicas” y “afrontar la crisis”. Más estatización es lo que buscan.

Además, si se hace un análisis más a fondo de los efectos de la crisis petrolera, se concluye que el descenso en los ingresos hará reducir la base monetaria, por el efecto fiscal, y así la circulación monetaria, que hará rebajar a la vez, por esta vía, las importaciones, lo que implica menos ingresos arancelarios. Y como la disminución del gasto público, si no se financia inadecuadamente el enorme hueco fiscal, acentuará el retroceso económico, adonde condujeron las decisiones ideológicas en política económica, no es difícil prever que se recaudará ahora menos por concepto de impuesto sobre la renta a la actividad no petrolera, así como por el IVA Estos son, Señores del gabinete económico y del Banco Central, hechos elementales. ¿Cómo puede creerse lo que ustedes dicen? Para crear confianza es imprescindible, en parte, auspiciar credibilidad. El presidente y sus acólitos llevan tres años afirmando lo que ya nadie cree, pues todo ha resultado un gran fracaso, no ha sabido salir del “campo minado” que fue el gran desastre y corrupción del gobierno de Chávez; Maduro no ha decidido, no ha podido, apartarse pragmáticamente de tan perniciosa herencia política; no se percata que será responsable ante la historia al comprometer el  destino nacional. Cambio, le gritan, pero oídos sordos.

Otro efecto: el que tendrá lugar en la balanza de pagos, la contabilidad de las transacciones con el exterior; dependiendo del precio petrolero que se estime se pueden construir varios escenarios llenos de factores aleatorios, cada uno con sus respectivas probabilidades, pero no es exagerado suponer conservadoramente una disminución en torno a los 30.000 millones de dólares de exportaciones petroleras, cantidad que creará en el presupuesto de divisas, para 2016, un faltante que arrojará, para honrar el servicio de la deuda y efectuar importaciones esenciales, serios problemas superables en otras condiciones.