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Héctor Cruces

El efecto yoyo

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Un régimen de alimentación sumamente restrictivo o el uso productos milagrosos que tengan como promesa adelgazar de forma rápida, saludable y sin mucho esfuerzo, además de poner en riesgo su salud tienen una alta probabilidad de que al abandonar su uso se recuperen más kilos que los perdidos (fenómeno conocido como efecto yo-yo) dado que no sólo no consiguen corregir los malos hábitos de alimentación, sino que acentúan los errores.

Al realizar una restricción calórica severa, es decir, una ingesta dietética con carga calórica muy por debajo de lo requerido, el organismo pone en marcha una serie de mecanismos con el fin de compensar el déficit de energía.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Nutrición el requerimiento calórico promedio de un adulto oscila entre unas 2.000-2.300 Kcal, esto sin tomar en cuenta factores de índole individual (genero, edad, nivel de actividad física etc.) La desesperación por una pérdida de peso inmediata conlleva a tomar decisiones radicales, por ejemplo instaurar “dietas milagros”, hacer uso de productos (batidos, laxantes e inhibidores del apetito) que limiten la ingesta de alimentos, con lo que logran alcanzar a lo largo de un día 1.000-1.200 Kcal. Asimismo, la distribución de la energía usualmente va a favor de determinados nutrientes (altas en proteínas y/o grasas y exentas de carbohidratos).

El último consenso de la Asociación Venezolana para el Estudio del Sobrepeso y la Obesidad indica que lo aconsejable es reducir entre 0,5 kg y 1 kg a la semana. Con pérdidas de peso más bruscas y rápidas se suele perder masa muscular, lo cual iría en contra de la primera condición que debe cumplir cualquier tratamiento para la obesidad: disminuir la masa de grasa a la vez que preservar al máximo la masa magra o músculo.

¿Qué es el efecto yoyo o rebote?

Se entiende por efecto yoyo, o efecto de rebote, []un ciclo marcado por pérdida y recuperación sucesiva del peso corporal como consecuencia de una dieta hipocalórica excesiva. El término “dieta yoyo” fue descrito por Kelly D. Brownell, de la Universidad de Yale, para hacer referencia al movimiento cíclico de ascenso y descenso de un yoyo. En este proceso, la persona que realiza la dieta tiene éxito inicialmente en perder peso, pero no tiene éxito en el mantenimiento del peso a largo plazo y comienza a ganarlo  nuevamente.

¿Consecuencias?

Los productos o dietas milagros pueden perjudicar, y a veces gravemente, la  salud, dado que someten a nuestro organismo a severas carencias nutricionales: vitaminas, minerales.

La ingesta dietética muy por debajo de lo requerido conlleva a la aparición de cansancio, debilidad, cambios repentinos de humor y hasta serios riesgos de hipoglicemia.

Una restricción calórica presta sus beneficios en la pérdida de peso. Sin embargo, gran parte de esta pérdida corresponde a agua y músculo, este hecho conlleva a ralentizar significativamente el metabolismo, dado que el músculo se comporta como un agente termogénico “quemador de grasa”; a mayor complexión muscular, quemará más calorías por unidad de tiempo.

El organismo al notar la brusca falta de alimento, reduce su metabolismo para intentar gastar menos energía.

El efecto psicológico del fracaso puede hacer que llegue a considerar el sobrepeso u obesidad como un problema que no tiene solución.

Para evitar el efecto yoyo la clave está en ponerse en manos de profesionales calificados que le asistan “presencialmente” estableciendo una evaluación integral de sus hábitos y conductas, trazarse objetivos “realistas” que sean monitoreadas constantemente, consultas sucesivas que permitan reforzar los hábitos de alimentación saludable y ajustar la dietoterapia en función a los resultados obtenidos.

Para alcanzar sus metas debe seguir dietas razonables, variadas, equilibradas que sigan el principio de una alimentación “individualizada” porque usted, su cuerpo y metabolismo son únicos. Un tratamiento nutricional no debe ser traumático, monótono menos aún tiene que perjudicar su salud. Inicie una actividad física que le agrade, adecuada a sus condiciones que permita complementar esa nueva meta, sobre todo asumir que quizás le va a costar cierto esfuerzo, pero el cambio debe ser para siempre.

Recomendaciones:

La carga calórica total debe ser distribuida a lo largo del día en comidas que representen “pequeños volúmenes” (tres comidas principales y de dos a tres meriendas).

Evite el uso de productos milagros, incluyendo dietas sumamente restrictivas que prometan pérdidas bruscas de peso.

No prolongue dietas estrictas, tipo ayunos o monodietas.

Asegúrese de incluir un aporte proteico adecuado, proveniente de lácteos descremados, legumbres, huevos, pollo, pescados y en menor proporción las carnes rojas.

No omita la ingesta de carbohidratos.

Las grasas monosaturadas y polisaturadas deben estar presentes en su alimentación.

Cualquier tratamiento nutricional debe acompañarse con actividad física, esto ayudará a mantener y, si la ingesta es suficiente, a aumentar la masa muscular y, por lo tanto combatir y evitar el efecto yoyo.

 

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