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Atanasio Alegre

El efecto DK

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Hacia 1999 –anteayer, como quien dice– dos investigadores de la Universidad de Cornell, la profesora Justine Dunning y el profesor David Kruger, advirtieron que una buena parte de los alumnos menos competentes eran los que más se hacían sentir, quienes con mayor vehemencia defendían lo indefendible, mientras que los más competentes permanecían ajenos o callados frente los pequeños desmanes con los que tropezaban en la vida universitaria. Con el tiempo, y extendiendo sus observaciones de igual modo a los profesores, constataron que entre ellos sucedía lo mismo, e ítem más, que los graduados con funciones de competencia en la vida pública manifestaban conductas similares.

La Universidad de Cornell es una universidad de élite por dos razones, excluye a quienes no disponen de un nivel intelectual elevado para iniciar los estudios de pregrado, por una parte, y por otra, el costo de los estudios es excesivamente alto. Eso, para quienes inician en esa institución sus estudios de pregrado, porque adicionalmente dispone de algunos programas para los que, fuera del costo, no se exige mayor rigor intelectual. Se ofrece un determinado tipo de formación que, a más del logro de poder colgar un título con el nombre de tan preclara universidad, facilita a los cursantes capacitación para ejercer esos conocimientos un poco a la manera francesa de quienes acceden allí a un doctorado de tercer ciclo:

-Aquí tienes el diploma, pero no para ejercer en Francia. Conozco gente en ambos sentidos, o sea, gente graduada desde un comienzo con excelente desempeño y gente que presume de haber pasado por la Universidad de Cornell circunstancialmente sin que Cornell hubiera pasado por ellos. Lo que distingue a unos de otros es la fuerza para argumentar, razonable y exquisita en unos casos; y estéril y opaca en el caso de algunos de esos alumnos circunstanciales.

Pero volvamos al tema. Los investigadores Dunning y Kruge decidieron hacer la investigación sobre sus constataciones, las cuales, por más que obedecieran a los resultados de la llamada observación participante, requerían de una metodología científica como acontece con los estudios psicológicos: un protocolo adecuado, montado a través de cuestionarios que, una vez aplicados, se evalúan estadísticamente para establecer los resultados.

No ignoraban estos dos investigadores aquel dictum de Darwin: la ignorancia genera más confianza que el conocimiento.

El resultado de la investigación, reducido a una fórmula quedó enunciado así: El efecto Dunning-Kruge es el sesgo cognitivo según el cual un individuo con escaso conocimiento sufre un efecto de superioridad ilusorio.

La cosa era, por tanto, si estos resultados podrían universalizarse a todos los ámbitos de la vida, es decir, en cualquier circunstancia en la que la gente interactúe entre sí.

Así fue establecido el que se ha llamado el efecto DK.

Dunning y Kruger eran psicólogos y apuntaban, hasta cierto modo, a esos grupos que a la vista de lo que sucede, por no ponerlas peor, callan, se abstienen o pasan de los asuntos, esperando que  los problemas se resuelvan por sí mismos. Algo parecido a la que viene siendo la tarea de la mayoría silenciosa, pero con matices.

Un filósofo francés de origen argelino Jacques Rancier, autor de un interesante tratado sobre El tiempo del-después parece ponernos sobre la pista. Rancier no es un pensador al alcance de todos, a pesar de proclamarse de izquierda –y ya se sabe que es la izquierda la que con mayor deleite maneja eso de lo popular– sostiene la tesis de que: la parte sin atributos de-parte es la única que puede reclamar para sí ser el todo en el conjunto de la sociedad.

Ya advertí que el hombre no era claro, de modo que conviene explicar qué es lo que entiende por los-sin parte.

Pues, simplemente se trata del grupo que no se adjudica a sí mismo ni la esencia ni la defensa de lo que constituye la personalidad de base de una determinada sociedad; aquellos que son ajenos a las fórmulas populistas con los que  ciertos políticos desangran a la sociedad. Los sin-parte no se atribuyen la representación de la sociedad, en suma. Dicho en otras palabras, son las victimas, no sin alguna alharaca, de quienes funcionan con el efecto DK.

De todas formas, esto mío es una nota y no una tesis, de manera que, para concluir, debo añadir que si se pretende que una sociedad marche, que un orden se restablezca o que las cosas cambien para bien, es necesario hacer entender a los sin–parte que deben proceder a ocupar el puesto que les corresponde en la sociedad, haciendo uso debido de su preparación y conocimientos, haciendo frente al marasmo de quienes ilusoriamente ocupan, prevalidos del efecto Dunning Kruge, la dirección de la sociedad.

Esto, en lo que se refiere al presente. El futuro no tardará en aparecer…

 

*atanasio9@gmail.com