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Gustavo Roosen

Por una educación de calidad

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El arranque del año escolar es siempre un buen momento para recordar el derecho constitucional a una educación de calidad. Lamentablemente es también, en la Venezuela de hoy, momento para constatar la persistencia de los graves problemas que atentan contra la aplicación de este derecho. Y es que el tema mismo de la educación parece haber sido puesto de lado por la sociedad frente a otras urgencias. En las encuestas de opinión, la educación no aparece como una de las preocupaciones importantes. Tampoco en la acción de los poderes públicos y ni siquiera en el discurso político, ocupado de sus propias urgencias y atento a sus propias estrategias.

El hecho real es que la calidad de la educación muestra señales de deterioro en todos los niveles. La propaganda oficial no se sostiene ante la evidencia, comenzando por lo más visible: el estado de la planta física, las limitaciones de los presupuestos, la falta de profesores, especialmente para ciertas materias fundamentales de la escuela básica. Las declaraciones sobre avances en la calidad de la educación tampoco se compadecen ni con la preparación efectiva de los estudiantes que aspiran a la universidad ni con la falta de disposición oficial a someterse a pruebas internacionales. Se ha optado por la salida fácil de descalificarlas en lugar de activar un sistema de evaluación creíble que sirva para medir efectivamente la calidad de la educación ofrecida y permita un diagnóstico cierto y luego la aplicación de la orientación adecuada para mejorarla.

Frente a esta realidad resulta esperanzador el nacimiento de una iniciativa alentada por jóvenes venezolanos graduados en universidades de prestigio. El proyecto Enseña Por Venezuela, surgido de la observación de experiencias desarrolladas en países como Inglaterra, Estados Unidos, Perú, Chile, Colombia y Argentina, se propone vincular a los jóvenes egresados con la educación, invitándoles a dedicar sus primeros años profesionales a la escuela. La contratación y formación de recién graduados talentosos abriría la oportunidad de introducir nuevas metodologías y de suplir la falta de docentes en algunas asignaturas, carencia identificada con carácter de gravedad.

Los iniciadores del proyecto parten de la idea de que si logran reclutar a los mejores graduandos de la universidad, entrenarlos en metodologías innovadoras y comprometerlos con una labor docente se estará promoviendo un cambio en el sistema educativo y se logrará crear una generación de individuos talentosos, socialmente activos y con una experiencia de gran utilidad para su desarrollo profesional. Los resultados se medirán en un impacto inmediato en los niños que asisten a las escuelas y un efecto a largo plazo por el empoderamiento de una generación de líderes comprometidos con la transformación del sistema educativo. En los países en los que se ha aplicado, el programa se ha convertido en polo de atracción para gente talentosa, ha representado para ellos un plus en su calificación profesional y ha estimulado el interés institucional y empresarial.

La propuesta de interesar a los mejores para contribuir a mejorar la calidad de nuestra educación coincide con la tendencia expresada en el reciente estudio de opinión de Keller y Asociados. A la pregunta sobre lo que deberían hacer los jóvenes que están egresando de nuestras universidades, los encuestados se pronuncian mayoritariamente (62%) por su incorporación al servicio a la sociedad a través, en primer lugar, de organizaciones no gubernamentales, luego de asociaciones de vecinos y/u organizaciones comunitarias y, finalmente, de los partidos políticos.

La presencia de una iniciativa llamada a germinar en una agrupación de talento y conciencia social al servicio de una educación de calidad debería ser un recordatorio de la necesidad imperiosa de hacer de ella una preocupación prioritaria de la sociedad. Urge ubicar la educación en el primer renglón de la agenda social. Y urge afirmar la convicción de que mejorará cuando se interesen activamente por ella los mejores.