• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La voz del pueblo

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Dicen que la voz del pueblo es voz del cielo, un exceso del común que, refrán al fin, tiene mucho de verdad, sobre todo si esperamos que -como hubiese deseado el recordado alcalde de Madrid, el viejo profesor Enrique Tierno Galván- la democracia vaya de lo cuantitativo a lo cualitativo para que “lo que quieren los más se convierta en lo mejor”.

Ese afán de perfectibilidad es el que debe animarnos mañana cuando tengamos que decidir quiénes serán los ediles y quiénes los alcaldes y, de este modo, ratificar la vocación democrática de un país que optó, hace más de medio siglo, por un sistema de convivencia en el cual todos pudiésemos expresar libremente nuestros pareceres y elegir a las personas que nuestra conciencia juzgue como idóneas, para delegar en ellas la toma de decisiones más convenientes para la colectividad.

Los votación de este domingo, postergada sin justificación convincente en más de una ocasión, constituye una magnífica oportunidad no sólo para retomar el hilo constitucional y normalizar el funcionamiento de los organismos de representación popular, sino para preservar la descentralización, uno de los mayores logros de los ciudadanos desde que Venezuela se decantó por la modernidad, pues con ella se logró sustituir las designaciones “a dedo” por el alto gobierno y se cambió por la libre selección de las autoridades regionales por el voto de las mayorías, que es lo pertinente en una república cuya carta magna la define, en su artículo 4°, como un “estado democrático descentralizado” y establece que “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo”, quien la “ejerce directamente mediante el sufragio” (Art. 5).

Los comicios municipales no suelen entusiasmar a la población como testimonia el alto porcentaje de abstención que históricamente las ha caracterizado. Sin embargo, por el crítico contexto en el cual se desarrollan, las que ahora nos convocan deben superar el rutinario -y en ocasiones justificado- desinterés por lo que debería ser termómetro de la temperatura política del país y herramienta para sopesar tendencias y poder actuar políticamente con los pies sobre la tierra.

Mañana será ocasión para reafirmar los dictados constitucionales y fortalecer el poder municipal -esencia de la organización nacional- respaldando a quienes hayan demostrado, a lo largo de esta corta y desigual campaña que concluyó el jueves pasado, verdadera disposición de servir a sus localidades.

Mañana los venezolanos podremos hacer más democrática la democracia misma y, sin degenerar en oclocracia, como temía Aristóteles, devolver la política a la polis para que cada ciudadano pueda realizarse como tal, ejerciendo sus derechos y cumpliendo con sus deberes.

Este domingo puede ser un gran día para festejar la democracia; depende de nosotros la calidad de esa celebración. Mañana se escuchará la voz del cielo y del pueblo.