• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La voz del cardenal

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Ayer el cardenal Urosa Sabino le pidió al equipo de Maduro que bajara el tono pugnaz y peleón que ha adoptado el oficialismo y que de alguna manera se cambiara la actitud del Gobierno para lograr una relación “menos agresiva, menos polémica”. Añadía el prelado que lo más conveniente en estos momentos de crisis es que desde Miraflores se propicie “un clima de sosiego”.

Si lo que se trata es de buscar salidas y soluciones a los graves problemas económicos, políticos y de seguridad, lo más lógico es que en esa tarea colaboremos todos los venezolanos, aclaró el arzobispo de Caracas a un grupo de periodistas que lo interpelaron a la salida de una reunión.

El cardenal, desde luego, no hace otra cosa que recordar con infinita paciencia lo que siempre ha aconsejado a los venezolanos a lo largo de estos años, y ello no es más que retomar el diálogo franco y abierto entre los diferentes sectores del país. En el camino del diálogo y del respeto siempre surgirán soluciones inmensamente más ricas y efectivas que aquellas que sólo nacen de un grupo de fanáticos o de una secta política que aparta y desprecia al resto de las personas que no piensan como ellos.  

Monseñor Urosa Sabino reveló a los periodistas que la Iglesia católica no ha dejado de sostener encuentros con altos funcionarios del Gobierno para aportar opiniones y estudios dirigidos a promover soluciones a cuestiones concretas como el desarme de la población en general y la promoción de la convivencia, el respeto y la paz entre los venezolanos.

Naturalmente y a pesar de la buena voluntad del cardenal Urosa y de la iglesia toda, nada de esto será posible, como lo hemos comprobado a lo largo de estos quince años, si quienes están en el poder continúan con el mismo discurso dirigido a sembrar odio, a provocar la división entre los venezolanos, a desconocer los siete millones de votantes que piensan distinto a Maduro y su equipo, y que buscan una salida democrática para dejar atrás estos años de destrucción y rapiña.

Los venezolanos son amplios de corazón y la mayoría no es rencorosa ni resentida, y no le cuesta dar la mano y olvidar lo pasado si nota que ese paso va a permitir que todos vivamos en paz, compartamos los mismos riesgos y respetemos el dinero del tesoro público. Lo que nos enciende la sangre es la corrupción, los privilegios inmerecidos de civiles y militares que viven como jeques árabes, la compinchita para robar y salvarse de la justicia cuando son descubiertos.

Ayer Maduro anunció que pedirá una Ley Habilitante para hacer normas a su leal saber y conveniencia, es decir, va a fabricar leyes que sólo su grupito necesita para terminar de atrincherarse en el poder. Inventa que quiere combatir la corrupción pero nadie le cree porque tendría que encarcelar a varios funcionarios de su entorno, a familiares y amigos de ministros y embajadores, a ciertos militares activos y retirados, en fin, los de siempre.