• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La voz de Desmond Tutu

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En 1996, para buscar la manera de sellar las heridas de su sociedad, el flamante presidente Nelson Mandela crea la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Suráfrica se estrenaba en la democracia y en la búsqueda de una ardua confraternidad, después de décadas sangrientas. Se necesita una memoria equilibrada del terror anterior, no solo como lenitivo de las crímenes mediante el conocimiento de lo que había sucedido de veras, sino también para aplicar la justicia sin excesos. ¿Quién puede encargarse de semejante misión, después de una carrera de ominosos crímenes contra el pueblo? Mandela le encarga el trabajo a Desmond Tutu.

Dos años más tarde, Tutu entrega el informe de la Comisión que sorprende por la seriedad de las investigaciones y especialmente por sus conclusiones: la tiranía de los blancos es responsable de la mayoría de las atrocidades, asegura con documentos y testimonios en mano, pero también muchos líderes y activistas del Congreso Nacional Africano. Movido por la objetividad, pero también en gesto de inhabitual valentía, involucra a los partidarios de Mandela y pide que sean procesados junto con los promotores del apartheid incluidos en el reporte.

Proveniente de una modesta familia, Desmond Tutu se orienta por la carrera clerical en la que progresa sin escollos debido a la brillantez de su talento y a su irreprochable conducta, hasta ascender a la dignidad de arzobispo anglicano de Ciudad del Cabo. Animador de grupos cívicos en Londres, Fellow del King’s College, autor de sólidos ensayos sobre su país y de conmovedores sermones desde el púlpito, se convierte en una referencia de los problemas surafricanos y de otros pueblos del contorno. En 1976, anima un boicot mundial contra su país dominado por la autocracia, que le concede prestigio universal.

Con el respaldo de una reputación que nadie puede escamotear, regresa a Ciudad del Cabo para coordinar una lucha constante y pacífica contra el apartheid. Debido a su tenacidad y a su coraje, pero también a sus propuestas de fraternidad sin relaciones con la violencia en una sociedad marcada por prácticas despiadadas, se convierte en ejemplo sin fronteras de las luchas más trascendentales de la historia contemporánea.

En 1984 recibe el Premio Nobel de la Paz, en medio de general aclamación. Debido a semejantes logros es elegido por Mandela como coordinador de la Comisión referida al principio. Terminada esa tarea, promueve instituciones, fundaciones, textos y congresos que procuran el encuentro de las civilizaciones, actividad a la cual se ha dedicado en los últimos años.

Ahora Desmond Tutu mira hacia Venezuela. El admirable luchador le pide a Maduro la libertad de los presos políticos y el respeto de los derechos humanos. También se asombra por la desidia de las democracias vecinas y de los organismos internacionales ante los desmanes que aquí ocurren. Una voz autorizada, tal vez la que más crédito tiene entre los promotores del respeto a los seres humanos, suena ahora entre nosotros.