• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El voto automatizado

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Venezuela tiene el sistema de votación más avanzado del mundo. Un compendio de laptops, módems, captahuellas, terminales de votación, centros de totalización, satélites, entre otros artilugios que hacen posible que los venezolanos ejerzan una función tan básica como votar y luego contar votos.

La pregunta que se hace la mayoría de los ciudadanos es por qué tanta parafernalia tecnológica para un proceso en el cual sólo es necesario el concurso de la sociedad civil y la habilidad de éstos para contar votos y certificar los resultados.

Uno pensaría que en los países con mayor desarrollo tecnológico tendrían sistemas de votación similares a Venezuela. Pero la realidad es otra. Los países con las democracias más sólidas entienden que el acceso al voto debe estar libre de cualquier barrera, y esta incluye la tecnológica.

Es por ello que en los países democráticos el voto se mantiene manual, directo, secreto, con respaldo físico y conteo de 100% de votos. Mantener estas condiciones es una garantía indispensable de procesos electorales limpios y transparentes.

Levantar barreras al voto, instalando un proceso totalmente automatizado, que pone al ciudadano frente a una tecnología que rara vez utiliza, es una desconsideración al electorado. Muchos venezolanos tienen escasos conocimientos tecnológicos; necesitan ayuda para interactuar con cajeros automáticos, Internet, celulares; es intimidatorio, discriminatorio e injusto que los ciudadanos sean sometidos al voto digital, enfrentados a máquinas que desconocen y en las cuales desconfían. Lamentablemente el CNE optó por opacar y complicar un proceso democrático que se había mantenido por décadas inalterable.

La insistencia del CNE de continuar insertando elementos tecnológicos al sistema electoral con la excusa de la seguridad y el resguardo de los votos, los ha llevado a convertirse en un ente oscuro e inaccesible para la los ciudadanos comunes que ven con recelo la introducción de tecnologías donde claramente no son necesarias y a un enorme costo para el erario nacional.

Esto por supuesto ha llevado a la suspicacia y la desconfianza de los actores que participan en el proceso, y la situación que viven hoy los venezolanos es una consecuencia del empeño del ente en implementar tecnologías que alejan al elector de su derecho democrático al voto.

Poco le importa al electorado lo que está totalizado en un código binario en las salas de totalización del CNE. Los rectores se empeñan en dar mayor importancia a la automatización, sobre el resguardo físico, que es la papeleta; la única conexión física que tiene el elector con el acto sagrado de votar y que representa una expresión simbólica irremplazable de su voluntad como ciudadano.

Que esta sea menospreciada por el ente electoral sólo genera a lo largo y ancho del país un gran rechazo. Los votantes exigen a su vez que esas papeletas, que representan su voluntad, sean contadas en su totalidad.