• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Las voces del púlpito

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La Conferencia Episcopal Venezolana llama al diálogo. Los obispos advierten situaciones riesgosas que solo se pueden solucionar mediante conversaciones serias entre el Gobierno y los factores que lo adversan. Son buenos consejos, no por el hecho de que provengan de los pastores de la Iglesia, sino especialmente porque salen del sentido común.

En cualquier lugar y en cualquier tiempo los problemas se solucionan mediante acuerdos entre las partes que miran a su manera las diversas situaciones de una crisis. Los pastores del culto mayoritario vienen a unirse a un clamor tan antiguo como la existencia misma de los problemas, a menos que se busque el camino de la guerra para encontrarles término. Como en Venezuela no estamos ante una situación de ese tipo, ni frente a nada parecido, conviene escuchar el consejo de los miembros de la Conferencia Episcopal.

Especialmente porque no se conforman con decir el sermón y bajar del púlpito. Anuncian reuniones con el ministro de Interior y Justicia y se ofrecen como mediadores en el conflicto universitario, lo cual indica que no quieren esperar en la sacristía a que la gente se arregle a su manera, o a que no se arregle, en el peor de los casos.

No quieren murmurar plegarias, sino también participar en el remiendo de un entuerto que no solo les compete como ciudadanos del país sino también como guías respetados de la colectividad. En estos tiempos de silencios y temores, de complicidades y vistas gordas, conviene destacar la decisión de los obispos reunidos en conferencia.

Seguramente no actúan sólo después de sentir la gravedad de los problemas venezolanos. Se trata de un incentivo suficiente, capaz de mover las sotanas más aletargadas, pero es evidente que deben estar movidos por el reciente encuentro del papa Francisco con Nicolás Maduro.

Fue una reunión protocolar, pero también un repaso de los incidentes del país ante los cuales el pontífice no dejó de manifestar alarma frente al visitante. No sabemos exactamente lo que Francisco le dijo a Nicolás, pero no se limitó a los saludos ceremoniales ni a la bendición apostólica. Aquello no fue un simple intercambio de ofrendas.

El Papa se metió en veinte minutos de profundidades, de los cuales seguramente se han hecho eco nuestros obispos. Nadie puede dudar de que los prelados actúen partiendo de la observación de la realidad y del conocimiento de las angustias de sus fieles, o del ejercicio del sentido común referido al principio, pero es evidente que su conducta de la actualidad se relaciona con el nuevo magisterio que ahora existe en el Vaticano.

Institución fortalecida en la observancia de la fidelidad, en su versión venezolana sigue los pasos del sucesor de Pedro. De allí la trascendencia del llamado al diálogo que hacen ahora los obispos. ¿Con Francisco en la vanguardia desde Roma, los escucharán las partes aludidas?