• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Dos villanos de postín

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Elaborada e impresa hace dos semanas, la caricatura de Roberto Weil que debía aparecer en la revista Dominical de Últimas Noticias el pasado domingo 5 de octubre fue suprimida debido a que dos integrantes del alto gobierno asociaron el dibujo con un hecho acaecido muchos días después, como lo fue la muerte violenta del dirigente del PSUV Robert Serra.

Hay que ser en extremo ignorante como periodista para no saber que las revistas se diseñan y se imprimen con suficiente antelación por razones técnicas y de producción. Se supone que el licenciado Ernesto Villegas debería conocer muy bien de estas cosas pero privó, por encima de la razón, la necesidad de meter cizaña y confundir a la opinión pública.  

No satisfechos con aplicar la censura basada en meras sospechas, los dirigentes rojos se volcaron a las redes sociales para prodigar insultos contra el dibujante. No había razón alguna para irritarse al punto de calificar de miserable y de hijo de p… al  caricaturista, como hizo el gobernador El Aissami, o para que Villegas sospechase de inspiraciones siniestras por la funesta coincidencia de la frustrada publicación con el funeral de Robert Serra.

Muy al contrario de la horda rojita, el joven Roberto Weil, decentemente a través de Twitter, precisó la fecha en la que había hecho la caricatura, lo cual le alejaba de toda sospecha de haber actuado de mala fe o con intenciones oscuras y siniestras. El dibujante, además, ofreció gentilmente sus excusas si había ofendido a alguien, aunque no tenía por qué hacerlo pues el ofendido era él.

Lo más grave es que ahora Weil corre el peligro de que un fanático descerebrado de los que tanto abundan  aquí y en el Medio Oriente se lance contra él y le produzca daños físicos. Debe quedar claro que, si ello sucediera, hay dos personas, funcionarios, que abiertamente atizaron el odio y el desprecio contra el artista y eso constituye un delito.  

Están frescas en la memoria  las vicisitudes de Rayma Suprani y su traumática separación del medio en el que hizo carrera. Al respecto escribimos que los caricaturistas habían sido y siguen siendo perseguidos y amenazados dentro y fuera del país, y recordamos la célebre cayapa de la cual fue víctima Leoncio Martínez, Leo, y la terrible fatwa que pendió sobre el danés Kurt Westergaard, autor de una serie de dibujos satíricos sobre Mahoma.

Ha sido el nuestro un continente pródigo en dibujantes humorísticos y también en acosos contra su ingenio; para muestra: las arremetidas del peronismo contra José Antonio Ginzo, Tristán, en Argentina; el secuestro de Eduardo del Río, Rius, perpetrado, en 1969,  por el Ejército mexicano o, más recientemente, la querella en contra de Xavier Bonilla, Bonil, por el gobierno de Correa, en Ecuador.

El episodio de Roberto Weil no es sino otro más de la cadena de tropelías contra la prensa y su gente por parte de un régimen militar fascista que no ha ocultado su hostilidad hacia cualquier órgano de divulgación que le sea adverso.