• Caracas (Venezuela)

Editorial

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En una medida a todas luces impulsada por la desesperación y la impotencia ante la certeza de que el partido de gobierno perderá las elecciones del 6 de diciembre, el señor Maduro difundió ayer un video sobre el asesinato de una dama de nombre Liana Hergueta, cuyo cadáver mutilado provocó un fuerte impacto en la opinión pública porque, para dolor y luto de muchos hogares, no constituye un hecho aislado desde que, en mala hora, las cúpulas civiles y militares chavistas llegaron al poder.

La señora Hergueta forma parte de una larga lista de crímenes contra las mujeres que, en lo que va del año, ha cobrado 95 víctimas sin que el gobierno de Maduro dé la cara. Al contrario, ahora tratan de usar el asesinato de la señora Hergueta para urdir una siniestra trama al estilo de las películas de James Bond con la fi nalidad de meter en un mismo saco a líderes políticos, dueños de medios de comunicación, mandatarios regionales, jóvenes estudiantes, congresistas de Estados Unidos y un antiguo encargado de negocios de la embajada de ese país en Venezuela.

Quien hizo el "casting" desde Mirafl ores parece que le sobraba el dinero y también los dólares y euros para contratar a tantos actores, pagar su entrenamiento, alojarlos en buenos hoteles y lanzarlos a esa "misión suicida" más propia de enloquecidos fanáticos islamistas amigos de Tarek que de venezolanos azotados por las colas, la infl ación y la escasez.

Habría que preguntarse quién convenció al hombre que habla con los pajaritos de caer en esa trampa y quedar en el mayor (¿o capitán?) ridículo nacional e internacional. Hasta el más lerdo entiende que al colocar al jefe de gobierno al frente de esa payasada no hace sino contribuir y acelerar el desmoronamiento de su imagen ante la opinión pública, ya de por sí camino del foso.

Ha sido tal la repulsa general causada por el sainete en cuestión que hoy deben estar de fi esta los enemigos de Nicolás que, dentro de las fi las de su partido y de los mismos pasillos de Mirafl ores, intrigan diariamente para defenestrarlo mientras, a sus espaldas, hacen ver lo contrario aplaudiendo sus raquíticos delirios.

Qué triste papel en la historia hacen los hombres que, nacidos de una desgracia, terminan convertidos ellos mismos en una desgracia mayor para su propia gente. Lo peor es cuando los que giran a su alrededor comienza a sacarle el cuerpo, a borrar las huellas que puedan hacer recordar que una vez fueron compañeros, a decirle públicamente que por su torpeza y su nulidad como burócrata está acabando con la "magna obra del comandante eterno".

Es ese momento preciso en que las pesadillas se convierten en realidad, entra el pánico como río desbordado y en su cabeza sólo hay espacio para los enemigos reales o imaginados.

Para espantar el miedo juega a manipular videos y pide que le escriban guiones macabros, en los cuales sus adversarios llevan nombre tan infantiles como el monstruo de Ramo Verde. O del sastrecillo valiente que desde Colombia le hace trastadas al gigante torpe.