• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Sin vida y sin patria

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Varias notas aparecidas en la prensa capitalina, una en El Universal y la otra en este diario, dan cuenta de sucesos, distantes en la geografía, pero vinculados por la asimetría entre vejez e infancia, que en cualquier otra parte del mundo serían, cuando menos, motivo de alarma. Pero, en este país de angustias y desasosiegos, amenazan con convertirse en contingencias de rutina a fuerza de repetirse.

Ayer, por ejemplo, ingresaron en la morgue de Caracas 5 cadáveres víctimas de la violencia. En lo que va de mes a ese instituto han llevado 300 cuerpos de ciudadanos caídos en esta guerra no declarada que tanto la policía nacional, como los militares, los colectivos rojitos y el hampa se encargan de alimentar.

Pero lo más insólito es que dos jóvenes de un liceo en el kilómetro 14 de El Junquito aparecen implicados en la muerte del estudiante Añez García, de 15 años de edad, cursante del 4º año. Los sospechosos fueron llevados a la medicatura forense para practicarles exámenes toxicológicos y físicos. Ambos estudian en ese plantel. Uno está acusado de supuestamente haber ultimado a Añez de 4 tiros a la salida de clases. Constituyen la nueva generación bolivariana.

Esta noticia ya agota la paciencia de un lector ahíto de la reiteración que, a estas alturas, ha entendido cabalmente qué quiere decir aquella ocurrencia del Che Guevara mediante la cual sostenía que “cuando lo extraordinario se hace cotidiano, estamos en presencia de la revolución”. Criminalmente en este caso, de eso no hay dudas.

Por otra parte, una información suministrada a El Nacional por su corresponsal en Tucupita, estado Delta Amacuro, registra un fenómeno que se relaciona con la escasez, el desabastecimiento, las interminables colas y el deprecio por el pueblo, que luego de 15 años debería estar disfrutando de sus años dorados.

En el reporte del corresponsal leemos que “varios arrebatones por parte de motorizados se han registrado en los últimos dos días en la capital de Delta Amacuro. Los consumidores son abordados apenas salen de los automercados, donde acuden y hacen colas desde la madrugada. Lo más grave es que eran consumidores de la tercera edad”.

De acuerdo con el corresponsal, “en la ciudad hay grupos de motorizados que representan un poder paralelo, pues al parecer los cuerpos policiales no se atreven enfrentarlos. Por esta razón, las denuncias de arrebatones se han multiplicado”.

El suelto de El Universal también se relaciona con un arrebatón; esta vez el objeto del deseo era nada menos que un bebé y el hecho ocurrió en pleno centro de Caracas. Una madre, que visitaba un establecimiento comercial para comprar unos zapatitos para su hija de un año de edad, fue abordada por una mujer que, cuchillo en mano, la conminó a que le entregase la criatura, pero pudo más el instinto maternal y el delito fue frustrado.

Lo asombroso de los eventos comentados es que los mismos no sólo ya no sorprendan a nadie, sino que transcurran como moneda corriente, y sean encajados con la mayor de las displicencia por parte de quienes deberían ser garantes de la seguridad ciudadana.

Y es que estos dos tipos de arrebatones se suman a los que ya nos han despojado de derechos fundamentales, como es el de transitar libremente por la calles de nuestros pueblos y ciudades, pues el temor a ser víctimas de los asaltantes nos confina a nuestras moradas, entre otras cosas, porque no se puede confiar en cuerpos de vigilancia y prevención que mantiene abierta conchupancia con mafias, bandas y organizaciones delictivas cuyas prácticas se confunden y sobreponen al accionar de los gangs paramilitares y colectivos armados con que el gobierno pretende mantener a raya a una población cada vez menos dispuesta a dejarse arrebatar el país.