• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El viajero

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La prensa informa, entre noticias referidas a ascensos y nombramientos castrenses, así como a graciosos y gratuitos ofrecimientos de asilo, que el señor Maduro, a los 79 días de haber tomado posesión, había volado a Trinidad para un shopping de lealtades en Caricom. Días antes había estado en Bielorrusia para posar sonriente con el impresentable Alexander Lukashenko.

Contando sus últimos desplazamientos, Maduro ha visitado ya 15 países y permanecido casi un mes en el exterior, es decir, más de la cuarta parte de su mandato se ha ido gestionado fuera de nuestras fronteras, pues el hombre piensa que necesita legitimación; y si aquí, en suelo patrio, no se la conceden plenamente, se la agencia en el exterior.

A fin de cuentas, negocia en nombre de la República. Y también en nombre de ésta hace donaciones a causas ajenas a los intereses nacionales pero ideológicamente afines al régimen que busca presidir.

Como el difunto, Maduro (pesar de haber estado al frente de la Casa Amarilla), no parece muy versado en geografía, como lo demuestran sus continuas confusiones de latitudes y longitudes y sus desaciertos a la hora de mencionar capitales y naciones, pero igual se ha lanzado cual correcaminos en una carrera contra el tiempo para tratar de atornillarse a un poder que parece esquivo.

Así lo vimos ante Rajoy, Hollande y Putin jugando a la candelita (un poquito de reconocimiento, por favor; un tantico de legitimación por el amor de Dios), como antes le vimos en Bolivia, Uruguay, Argentina, Brasil, Ecuador, Nicaragua, o Haití. Y, claro, en su devota peregrinación a la que considera madre patria: Cuba.

El país, en ausencia de Maduro, sigue navegando por el rumbo que el desaparecido timonel trazó en un desquiciado mapa de temerarias e inciertas rutas, lo cual parece implicar que aquí no se le requiere para que gobierne; que su presencia no es para nada necesaria y que mal que bien, a trompicones, nos bandeamos.

No importa que Farruco reconozca que se equivocó. Ni que persista la escasez ni que continúe la falta de papel tualé. Maduro cree que los problemas que aquejan a la gente son de poca monta ante el descomunal reto de llevar adelante una revolución entre cuyos objetivos está salvar el planeta. Por eso es más relevante que vaya a la Cochinchina a proponer un trueque de petróleo por arroz y, de paso, elevar alabanzas a Ho Chi Min.

Durante las últimas dos semanas, cada vez que declara a los medios el general Mata, gobernador de Nueva Esparta, anuncia la inminente llegada de Maduro a la isla. Pero éste sigue brillando por su ausencia y los insulares permanecen en vilo respecto al futuro de Margarita. No requiere la atención de un individuo que practica el turismo político internacional creyendo que así se gobierna.

Señor Maduro, así no se gobierna. Las cosas se han puesto color de hormiga y Venezuela está atravesando una de las peores crisis políticas y económicas de la tengamos noticia.