• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Otra vez España

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Desde que el presidente Aznar decidió jugarse la carta de reconocer al régimen de Carmona en el año 2002, las relaciones entre Venezuela y España han estado en un permanente sube y baja. Ni el gobierno del socialista Zapatero se salvó de estruendoso grito de guerra: “¡A Venezuela se le respeta!”, luego de que el para entonces rey Juan Carlos mandara públicamente y ante las cámaras de la televisión mundial a cerrar el pico al presidente Chávez.

Fue una cumbre Iberoamericana inolvidable por el famoso regaño del rey que recorrió el mundo: “¿Por qué no te callas?” Mayor humillación imposible para un jefe de Estado. Una afrenta como esa jamás se la hubieran hecho a Fidel Castro, lo cual nos permite calibrar la estatura de los dos líderes socialistas.  

En verdad, la burocracia internacional nunca entendió como Venezuela no rompió relaciones con España luego de este incidente tan bochornoso. Hoy con el gobierno de Rajoy no era necesario esperar mucho para que apareciera una buena excusa y reiniciar el conflicto. 

La ocasión, pues, la pintaban calva. Aquí en Caracas se organizó un exclusivo evento empresarial en el Círculo Militar de la mano de la Embajada de España. Sin duda una actividad de rutina para cualquier relación bilateral. El evento reunió a decenas de empresas españolas que hacen negocios en Venezuela y tenía una finalidad muy legítima: reunir a los empresarios con las altas autoridades del gobierno que son, por lo general, de muy difícil acceso.

Los empresarios no buscaban vender productos para la importación y ni siquiera anunciar inversiones españolas. El cabildeo buscaba hacer puentes con el gobierno con el objetivo de acelerar la cancelación de la deuda que el país tiene como muchas empresas españolas y que, como es lógico, esperan que se aprueben las divisas a sus filiales en Caracas.

Después de meses de preparación parecía probable que desde el vicepresidente Arreaza hasta varios de los ministros estarían presentes. Pero nunca llegaron. Apareció solamente el simpático ministro Merentes quien les aseguró que Venezuela era un país de oportunidades y que 2015 sería un año propicio para seguir invirtiendo.

La plana mayor de las empresas presentes se quedó con las ganas de lograr su objetivo central.

Al parecer el señor Rajoy le aguó la fiesta a su embajador en Caracas (seguramente ajeno a la envergadura del evento) al recibir la mañana previa en visita de cortesía a Lilian Tintori, la valerosa esposa del líder Leopoldo López, injustamente privado de libertad en una cárcel militar de Venezuela. 

La indignación roja rojita no tardó en explotar y el encuentro entre Lilian Tintori y Rajoy fue considerado un acto de provocación. Ese día las relaciones con la península volvieron a su estado más o menos recurrente de los últimos años. El embajador venezolano en Madrid fue llamado a “consultas” (qué ridiculez y que ignorancia). Hoy, una vez más, las relaciones entre los dos países están entre la indiferencia y la oscuridad.