• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La verdadera amenaza

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Recientemente el gobierno anunció la creación de un ministerio que se encargaría de controlar, hasta donde fuera posible, las informaciones internacionales que se difunden sobre las actuaciones del régimen del señor Nicolás Maduro. Entre los candidatos al cargo, según fuentes allegadas a Miraflores, estaría el embajador Roy Chaderton, quizás por sus habilidades para manejarse en inglés y, de esa manera, hacer llegar a los periodistas en el extranjero la verdadera esencia del pensamiento socialista del señor Maduro.

La verdad es que la escogencia no suena como la mejor porque con la torta que puso Roy durante la exitosa asistencia de la diputada María Corina Machado a la OEA, cuando con aires principescos trató a los periodistas como si fueran extraterrestres y no profesionales que estaban allí para hacer un trabajo objetivo y eficaz.

Esa cosas no se olvidan porque el primer deber de un funcionario, sea venezolano, ruso o estadounidense, es responder a las preguntas de la prensa, ya sea con monosílabos, frases hechas o explicaciones cortas y sensatas. Lo que nunca debe hacer es insultar o despreciar a quienes están allí cumpliendo con un trabajo tan respetable como cualquier otro.

Pero en Venezuela, desde la llegada del chavismo al poder se ha ido desarrollando una poderosa corriente dentro del oficialismo en el sentido de que todo periodista que no trabaje en un medio oficialista o que no sea proclive a reseñar como maravillosos los disparates de los dirigentes rojitos, se le debe tratar como plato de segunda mesa, si es que se le atiende en un acto de condescendencia.

En el fondo sólo es odio puro y duro contra unos profesionales que tienen todo el derecho de informar a sus lectores desde una óptica equilibrada y veraz y no desde una garita militar. Contra los periodistas y los medios de comunicación se han empleado los mismos métodos que las organizaciones mafiosas emplean contra sus enemigos. Y no sólo en Venezuela sino en los países socios del Alba.

Desde atentados personales, destrucción de las instalaciones industriales donde se imprimen o se trasmiten las noticias, secuestros y extorsiones a los familiares de los periodistas, detenciones arbitrarias, hasta instrucción de expedientes a partir de señalamientos viles y perversos, sin base alguna en investigaciones policiales conducidas de manera profesional.

Se cometen estos abusos a la luz del sol porque no hay ninguna instancia de protección a la cual acudir para exigir, al menos, que no se violen los derechos ciudadanos señalados en la Constitución nacional. El oficialismo, con un cinismo sin límites, saca a relucir el texto constitucional, se lo muestra a los ciudadanos y con un movimiento rápido de manos, lo hace desaparecer.

Ayer en el diario El País, de Madrid, en su edición para América Latina, publicó un largo y concienzudo artículo sobre lo que está ocurriendo en nuestro país. Bajo el título de ³La verdadera amenaza a la democracia en Venezuela², Daniel Wilkinson, quien es subdirector para las Américas de Human Rights Watch, diseccionó brillantemente, aspecto por aspecto y punto por punto los atropellos que el gobierno chavista ha cometido en estos últimos doce meses en territorio venezolano.

Quizás a Daniel Wilkinson lo motivó a escribir este largo escrito el hecho de que el señor Nicolás Maduro "publicó una columna de opinión The New York Times en un intento por contrarrestar la cobertura desfavorable que ha recibido tras la represión de múltiples protestas en los dos últimos meses".

Así sería el cinismo de la columna que Wilkinson no pudo más que salir a rebatirla rotundamente. Los venezolanos honestos le damos las gracias.