• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La ventaja de elegir

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Al final de este año habrán ocurrido elecciones nacio-nales, regionales y locales en un tercio de los países del mundo. Elecciones, claro está, que son un modo de abarcar los procesos de mantenimiento o renovación de liderazgos en condiciones políticas tan diversas como las ya vistas en Rusia y Francia, o por ver en Estados Unidos y China, todos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en la lista de las diez más grandes economías del mundo. 

Entre estos dos últimos países hay sólo un caso verdaderamente pendiente porque, salvo que algún nuevo escándalo derrumbe lo ya decidido, en China todo está determinado: al final del Congreso del Partido Comunista que iniciará sus sesiones el próximo jueves será proclamado Xi Jinping como jefe del PC y, tras la convalidación de la Asamblea Nacional dominada por el Partido-gobierno, el señor Xi asumirá la Presidencia de su país en marzo. 

Digamos que, no por casualidad, las elecciones en Estados Unidos despiertan enorme interés en el mundo. Y no es así únicamente por el tamaño que a pesar de la crisis mundial mantiene su economía, que sigue más que duplicando a la china; tampoco sólo por la influencia que mantiene en asuntos críticos para la seguridad y la economía internacional a pesar de la reconducción estratégica tras el desgaste material y moral causado por la guerra contra el terrorismo. El interés en el proceso electoral de Estados Unidos es también alentado, en no poca medida, por el pluralismo político y abierto debate de ideas. Y este atractivo crece a través de la vigencia de la libertad de expresión y del respeto gubernamental por la diversidad de la información y opinión en los medios de comunicación, con orientaciones y posiciones para todos los gustos. 

Adicionalmente a la competencia por la jefatura del Estado, el martes que viene estarán en juego todos los escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los del Senado. Son instancias de deliberación, legislación y control sin cuyo concurso en asuntos fundamentales el Presidente podría encontrarse con obstáculos mayores para desplegar sus planes y ejercer sus amplias competencias en materias cruciales, tales como pasar de la contención de la crisis a la recuperación económica y contribuir a un mayor y mejor equilibrio de poderes, intereses y valores en la política mundial. Y si ese es el propósito, según puede inferirse del movimiento de las posiciones de los candidatos y la opinión pública, lo que deja entrever este reñido proceso electoral es que el Presidente y el Congreso deberán lograr el mejor balance posible entre la firmeza, la persuasión y la negociación, interior y exterior. He allí otra razón para seguir con mucha atención e interés las elecciones y lo que vendrá después, tanto en la política nacional como en la proyección internacional de Estados Unidos respecto a la cual, por cierto, China con sus modos de elegir, decidir y hacer seguirá siendo un interlocutor tan difícil como importante.