• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Las universidades privadas

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El Nacional ha dado cuenta de la mala noticia que ha sido para padres y representantes el aumento de la matrícula en las universidades privadas. Los muchachos que ya están en las aulas se quejan del dinero que deberán desembolsar en adelante para continuar en ellas, y los que quieren entrar por primera vez se ven en la necesidad de sacar las cuentas con calma, a ver si la plata les alcanza.

En eso también andan sus padres y representantes, desde luego, por el nuevo peso que ahora se agrega a sus espaldas maltratadas por la inflación y por otras lápidas conocidas y sufridas por la sociedad. Es una noticia importante que el periódico ha destacado, pero también conviene detenerse en el aprieto que las instituciones pasan para continuar prestando un servicio invalorable para la colectividad en general.

El problema de la inflación, en primer lugar: así como se ocupa de asfixiar a toda la población, no tiene compasión con los requerimientos de las instituciones de educación superior que deben hacer su trabajo contra viento y marea. ¿Cómo hacen esas instituciones, si resulta imposible frenar los costos cada vez más escandalosos de los materiales educativos, de los elementos tecnológicos, de los productos que generalmente requieren para cumplir con su primordial cometido, de los salarios del personal docente, administrativo y obrero?

La respuesta sería sencilla si el gobierno fuera consciente de los aprietos y estuviera dispuesto a aliviar la carga, pero no ha sido así. El gobierno dice que se preocupa por el aumento de las matrículas, pero no se sienta a discutir con los rectores y con los administradores de las instituciones en la búsqueda de una decisión razonable.

El rector de la Universidad Metropolitana, Benjamín Sharifker, ha enviado cuentas y propuestas al Ministerio de Educación Universitaria y a la Superintendencia Nacional de Costos y Precios Justos, y no ha recibido ningún tipo de contestación.
Las autoridades de la Universidad Santa María están esperando una reunión con la referida superintendencia, sin que hasta ahora se haya movido una brizna de paja. El rector de la UCAB, José Virtuoso, SJ, no ha dejado de insistir en la necesidad de llevar a cabo reuniones de trabajo con las autoridades del área, pero sus palabras también se han perdido en una atmósfera caracterizada por la inercia.

En el caso de la UCAB conviene recordar la preocupación que ha mantenido con los jóvenes menos favorecidos de la sociedad. 1 de cada 5 estudiantes reduce sus urgencias con becas de la institución, programa de atención que hoy solventa las necesidades de 3.000 estudiantes.

Cuando se quiera confundir a la educación privada con los simples negocios, topamos con una elocuente negación. Cuando se manipula el tema desde las alturas, la institución que lleva el preclaro nombre de Andrés Bello está en capacidad de desmentir exageraciones y falsedades que no han dejado de abundar.