• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La universidad golpeada

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El cuento siniestro de este régimen con las universidades autónomas es largo. La independencia de pensamiento, la cultura, el debate afecta a los que se niegan a que la población tenga criterio propio, para poder manejarla como borregos.

Primero fue el presidente prematuramente fallecido, según el decir del desamparado Nicolás, el que intentó ponerle la mano a las casas de estudio más importantes y prestigiosas del país. Como buen militar odiaba el conocimiento de las artes y de las ciencias. En ese entonces, se consiguió con los combativos estudiantes que defendieron su universidad con vehemencia. Sin embargo, aunque no han podido de manera directa, siempre han tenido presente la idea de doblegarlas por la falta de presupuesto.

Paralelamente, y durante estos 15 años, la calidad educativa ha ido descendiendo año tras año. Ya no se trata solamente de los sueldos de hambre que le pagan al personal docente de cualquier nivel, sino las reformas curriculares y de sistemas de evaluación impuestos sin discusión. El resultado es que la preparación con la que se gradúan nuestros bachilleres deja mucho qué desear.

Luego les dio por crear universidades chimbas (denominadas para desgracia del prócer) “bolivarianas” y misiones especiales para graduar en más o menos tres años a profesionales en carreras que en las casas de estudio autónomas tardarían seis y hasta ocho años en estudiar. Desde luego, la mayoría de los pacientes que acuden a los hospitales terminan en el más allá.

Ahora lanzaron lo que pretende ser la última estocada: la Oficina de Planificación del Sector Universitario decidió repartir todos los cupos disponibles para el próximo periodo. Con esta medida dejan por fuera a los muchachos que presentaron o presentarán pruebas internas de admisión y que se han fajado para mantener un buen promedio para poder rendir en su próximo nivel educativo.

La OPSU desde el 15 de mayo comenzó a repartir los cupos, sin tomar en cuenta a muchos muchachos que ya habían presentado pruebas en las casas de estudio. Una vez publicadas las listas, muchos han sido los que han elevado su protesta. Incluso alumnos que llevan promedio de 19,7 puntos en todo su bachillerato han visto frustrados sus sueños de continuar una carrera de excelencia en las universidades públicas.

El gobierno pretende solucionar lo que dice es un sistema discriminatorio volteando la balanza segregacionista hacia los que estudian en colegios privados, tienen cierto nivel social y buen rendimiento académico.

El resultado será la muerte de la meritocracia académica, del premio al buen desempeño, de la excelencia universitaria, y al final, todo eso irá en detrimento del país, porque ninguna nación puede avanzar sin universidades que saquen lo mejor del talento para ponerlo al servicio de las mayorías.

El objetivo del gobierno es desaparecer de una vez por todas la autonomía porque, como dijimos antes, el que sea capaz de pensar es una piedra en el zapato para un régimen como el que rige en Venezuela.