• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El triunfo de la pereza

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¡Así, así, así es que se gobierna! Y así gritaron los vagos y mantenidos al servicio del reyecito, y con licencia para agredir impunemente a los opositores, cuando se enteraron de que su majestad había decretado que, hasta fines de mayo, los viernes, al menos en la administración pública, no son laborables.

Una drástica decisión que recuerda el chiste del marido engañado que vendió el sofá donde le ponían cuernos y que, seguramente, será registrada en los anales del derecho administrativo bajo el rótulo de “Solución Maduro” y se le tendrá como “respuesta creativa” a la crisis que el gobernante está incapacitado de superar.

¡Púyalo que vas en bajada, Nicolás!, y no le pares a la derecha inconforme que cree que el trabajo es fuente de las riquezas, un error marxistoide, cuando todo sabemos que en nuestro caso es el petróleo que, manejado con criterio de escasez, daría para que manguareásemos de por vida. Ya lo cantó un sonero: “El trabajo lo hizo Dios como castigo”.

Ya el viernes era tenido por “sábado chiquito”, día de largos y rociados almuerzos que más de uno empataba con el aperitivo vespertino, la palazón nocturna y el mondongo madrugador. Ahora, este ritual será seguramente trasladado al jueves, pues tenemos por delante unos puentes que ni soñados por Marco Polo para adornar las ciudades imposibles que imaginaba para entretener al gran Kan de Catay: ocho puentes para estimular el ocio y que serán aprovechados para darse más de una escapadita, lo cual, se reflejará en incrementos de las tasas de accidentes y de los índices delictivos pues la holgazanería propicia el crimen.

Ocho largos fines de semana a los que habrá que añadir la mañana de lunes, pues, ¿quién va a trabajar con ese ratón, más si, con la inamovilidad laboral y la manguangua que es la ley del trabajo, no hay riesgo de despido?

¿Cómo pretende el Ejecutivo que sus motores productivos funcionan si están más tiempo en receso que moviendo lo que tengan que mover, aunque, según especialistas, no agitan una brizna de paja ni ayudados por el viento? ¿Será que se busca implantar el esquema de las 30 horas laborables a la semana que, cuando había real para eso y más, se insinuó como apetitosa guinda del pastel populista? ¿O se trata de una Misión Pereza instrumentada con la vista puesta en próximas confrontaciones comiciales?

Esta suerte de patada de ahogado –que deja al descubierto la incapacidad del régimen para proporcionar soluciones a los problemas generados por la impericia técnica del tren ejecutivo– contrasta con el “trabajo voluntario” a los que son adictos los gobiernos cortados con la misma tijera que el nuestro y que suele ser convocado en épocas de crisis invocando la salvación nacional.

Puede que en la mollera de los jefezuelos rojos bulla la idea de destinar este inesperado asueto, para mayor gloria del galáctico, a ejercicios espirituales. Pero, no, los únicos ejercicios que veremos serán barra fija y levantamiento de codo. ¡Así es que se gobierna!