• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El triunfo de Giordani

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Ha sido el sujeto de los más enconados debates por parte de los ciudadanos preocupados por el estado de las cosas en la economía de Venezuela. Esos debates no se han limitado a empresarios, académicos o expertos en las cuestiones económicas. También, en el oficialismo, sectores con una visión más realista de la economía vienen preguntándose, desde hace por lo menos una década, hasta cuándo la sociedad venezolana seguirá padeciendo a Jorge Giordani.

Contra Giordani se han intentado conjuros, promesas religiosas, invocaciones de magia negra, oraciones de diverso credo, ritos de vudú, cuchicheos a Chávez, cuchicheos a Maduro, informes técnicos, prospecciones, reportes de varias salas situacionales y muchas otras tácticas, a menudo desde el interior del PSUV y de las fuerzas que apoyan al régimen. Pero nada de eso ha dado resultado. Cuando el escenario se le ha tornado adverso, Giordani se ha replegado. No se ha retirado. El infatigable se ha limitado a dar un paso atrás como el movimiento necesario para seguir adelante.

Alguien podría decir que Giordani ha recibido algunas derrotas. Pero esta percepción es incierta. Quizás algún rasguño, alguna magulladura, pero no más que eso. En cambio, en un par de rounds o en contiendas de mayor duración, ha puesto fuera de combate o fuera de juego a Maritza Izaguirre, José Alejandro Rojas, Francisco Usón, Tobías Nóbrega, Rodrigo Cabezas, Rafael Isea, Alí Rodríguez y, en varias ocasiones, pero sin lograr nunca liquidarle, a Nelson Merentes, que ha resultado el gran 'porfiao' del chavismo: le tuercen la muñeca, le dan uno y otro revolcón, pero Merentes se levanta y sigue (la capacidad de Merentes para sobrevivir a Giordani es uno de los relatos que deberá esperar hasta el final del régimen para ser contado).

Sin duda, Jorge Giordani es un tipo curioso. Quien lea algunos de sus artículos publicados en distintas recopilaciones se sorprenderá al encontrarse con un prosista cursi que, por ejemplo, hace loas a la vinotinto, con un ramillete de adjetivos que parecen sacados de un manual de correspondencias del siglo XIX. Pero la cursilería es apenas uno de los rostros de Giordani. Hay un Giordani utopista, casi delirante, promotor del eje Orinoco-Apure, y también un Giordani comisario de la vida cotidiana, empeñado en modificar los hábitos de consumo del venezolano, hábitos que él mismo ha incentivado y exponenciado con su tozuda política de inmutabilidad cambiaria.

Porque, y esto es lo esencial, así como hay un chavismo hay un 'giordanismo', en el fondo más sistemático e implacable. El giordanismo es el plan real de ocupación y destrucción de la economía venezolana. Ni Rafael Ramírez ha podido impedirlo, que es el nuevo derrotado de Giordani. En lo sucesivo, Ramírez deberá conformarse con ejecutar las políticas del giordanismo, es decir, poner en funcionamiento medidas (que incluyen la estrategia de no hacer nada frente a algunos problemas) cuyo resultado es un desbordamiento de los precios, niveles mayores de desabastecimiento y, como perversa paradoja de todo lo anterior, un exitoso programa de destrucción del aparato productivo nacional.