• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La transición

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Tal como se esperaba, la Asamblea Nacional del Poder Popular eligió en Cuba a Raúl Castro como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Se trata de una reelección. En julio de 2006 recibió estos cargos de manos de su hermano Fidel, quien padecía quebrantos de salud. Si termina el período para el cual fue electo, en 2018, ambos hermanos habrían detentado el poder por casi 60 años, la mitad de la vida independiente de la isla.

La novedad es que Raúl Castro “esclarece” que este será su último mandato. Entregará el mando a los 86 años. Esto obliga, según dice, a “la transferencia paulatina y ordenada a las nuevas generaciones de los principales cargos (…) a fin de evitar que se nos repita la situación de no contar oportunamente con suficientes reservas de cuadros preparados para ocupar los puestos superiores del país y asegurar que el relevo de los dirigentes constituya un proceso natural y sistemático”. Al efecto, se limitará a un máximo de dos periodos consecutivos de cinco años el desempeño de los principales cargos.

Raúl promete reformular la Constitución cubana para armonizarla “con los cambios asociados a la paulatina implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” y lo reafirma con una de las inevitables y rituales citas de su hermano mayor: “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. En tal sentido, considera que se debe avanzar hacia “una sociedad menos igualitaria, pero más justa”.

El proceso que anuncia, llamado por la prensa transición, significaría la entrega del poder de los hermanos Castro, ambos octogenarios. El régimen cubano ha dejado de ser un movimiento combatiente y se ha transformado en un aparato burocrático, aunque Fidel aun se pavonee, como lo hizo durante su reciente elección a diputado, de que “a 800.000 personas se eleva el número de los cubanos que han cumplido abnegadas misiones internacionalistas”. Militares y de penetración, podría añadirse.

La burocratización se aprecia claramente en las carreras de las nuevas incorporaciones al grupo gobernante, quienes han ascendido paso a paso en las jerarquías de partido y gobierno. Significa también, aunque eso sólo se diga disimuladamente, el abandono del control absoluto por parte del Estado de la vida económica. Los pasos que se han dado durante los 7 años de mandato de Raúl Castro son minúsculos (se permite, por ejemplo, ser cocinero, plomero o carpintero sin depender directamente del Gobierno) pero la línea está trazada. Por razones biológicas, los hermanos Castro ya no podrán ejercer a plenitud el poder que han venido acumulando durante más de medio siglo y esto les permite introducir dosis administradas de mercado en un sistema que sólo ha podido subsistir sobre la base de los subsidios que antes le otorgaba la Unión Soviética y por ahora le suministra Venezuela.

Para alimentar los delirios combativos del comandante venezolano, Cuba paga esos subsidios con fórmulas obsoletas de propaganda y control de la población que hoy lucen impostadas.