• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

"Una tragedia anunciada"

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La revista inglesa The Economist, en su edición de esta semana, dedica un análisis a la tragedia de Paraguaná, con el título "El desastre de la refinería de Venezuela". La califica también de "tragedia anunciada", y tratándose de un órgano de gran prestigio y autoridad, conviene glosarlo y darlo a conocer a los venezolanos. Allí leemos, por ejemplo, que durante varios días los vecinos de la refinería de Amuay "sintieron un extraño olor que afectaba el olfato y causaba mareos", según testimonios personales. Califica el accidente "como el peor desastre en la historia de Petróleos de Venezuela".

Fuentes sindicales indicaron a los redactores de The Economist que "el desastre pudo haber sido evitado y que el sindicato había elevado sus quejas por la falta de mantenimiento". Estos son puntos de vista que necesariamente deben ser sustanciados. En el análisis de la revista se anota la irritabilidad del Presidente de la República y su rechazo a cualquier crítica o punto de vista que se aleje de las versiones oficiales. Es una manera de expresar la poca disposición oficial a la solicitud de una investigación independiente.

En The Economist se lee: "El año pasado Pdvsa pagó cerca de 19.000 millones de dólares en impuestos, regalías y dividendos, y destinó el doble de esta suma a fondos opacos manejados directamente por el Presidente para programas de bienestar.

A pesar de los altos precios del petróleo, la deuda de Pdvsa ha superado los 40.000 millones de dólares.

En una intervención ante el Parlamento, el (presidente de Pdvsa) señor Ramírez admitió que gran parte del mantenimiento esencial había sido pospuesto, y según sus palabras, `debido a la falta de repuestos".

The Economist se hace eco de aspectos que no ignoramos los venezolanos. Sus redactores estuvieron en Los Taques y en zonas adyacentes a la refinería, y sus conclusiones se fundan en los testimonios personales de líderes sindicales. Proliferaron las informaciones internacionales sobre la tragedia de Amuay, pero la revista inglesa mantiene su interés permanente en Venezuela. No escapó a sus analistas un hecho esencial en el problema general de la crisis producida por la explosión de gas en Amuay: el carácter también explosivo del jefe del Estado y candidato a la tercera reelección.

Intemperante y en extremo sensible, afectado por innumerables crisis que le estallan simultáneamente como resultado de su administración errática, el Presidente contempla con inquietud el mapa de Venezuela. Las críticas son inevitables y justificadas: se derrumban los puentes, se agrietan los pavimentos, se hunden las autopistas, y el Gobierno reacciona con la lentitud de los elefantes. Ha concentrado en sus manos todas las atribuciones y todos los recursos, despojó a las gobernaciones y alcaldías, y el resultado está a la vista. El país se derrumba, y el Presidente candidato se irrita y obstaculiza cualquier investigación independiente.