• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La tragedia de Kenia

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Su padre octogenario, sus hermanas y hermanos, no cabe duda, estaban muy orgullosos de que Dwight fuera designado para un cargo en el servicio diplomático de la nación. Qué privilegio y reconocimiento para un hijo humilde de tierras orientales venezolanas que representar el país ante un país lejano. Para la familia Fonseca, el jubilo era grande, al fin le habían dado un meritorio reconocimiento a una hija de los llanos, diplomática de carrera, ya jubilada, al designarla encargada de negocios en Kenia. Lo que seguramente nunca se imaginaron ambas familias es que sus hijos no solo coincidirían en el mismo país sino que protagonizarían una tormenta nacional e internacional. La embajadora Olga Fonseca fue asesinada al poco tiempo de llegar a Nairobi, y el primer secretario Dwight Sagaray figura entre los sospechosos de haber causado esa muerte.

Una tragedia de esta naturaleza no es frecuente en las misiones diplomáticas. Tampoco es común que el servicio exterior de un país presente anomalías tan graves como la de carecer de verdaderos profesionales de carrera. La licenciada Fonseca lo era, pero había sido enviada a resolver serios problemas creados por quienes no conocen el oficio, ni se han preparado para ejercerlo. Es explicable la inquietud que todo esto ha generado entre los venezolanos, no sólo por lo terriblemente trágico del asunto.

En el Ministerio de Relaciones Exteriores ha habido signos de evidente encubrimiento al silenciar los orígenes de la crisis. Quien ejercía como jefe de misión en Nairobi fue acusado por personal local de la embajada por acoso sexual y pensó que huyendo del país ante el cual estaba acreditado salvaría su responsabilidad. No se sabe dónde está. Ni el ministerio lo explica.

El servicio exterior es el rostro que Venezuela muestra al mundo. Por consiguiente, es una obligación cuidarlo y seleccionar al personal por sus calidades profesionales y no porque sean fichas políticas. En líneas generales, el grave caso de la embajada de Venezuela en Kenia se ha manejado de manera inaceptable e injustificable. No está claro el retiro, por ejemplo, de la inmunidad del primer secretario. Ni el silencio sobre la fuga del jefe de la misión.

Estas son cuestiones que interesan a todos los venezolanos. Son innumerables las versiones que circulan en Kenia y fuera de Kenia sobre el funcionamiento de la embajada, e incluso, se menciona a otras en la región donde, al parecer, existen problemas. La Cancillería debe saber que el silencio no es respuesta. No es grato, en absoluto, leer los informes de la prensa de Kenia y de otros países, europeos incluidos, sobre la tragedia y sus orígenes. Insistimos, el crédito de Venezuela está en juego.

En otras épocas, el Poder Legislativo habría actuado de inmediato.

Ahora la Asamblea Nacional, inexplicablemente, muestra como el ministerio, una extraña indiferencia. No le hacen bien ni a la propia AN, ni al MRE ni al país.