• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

La soberanía de Venezuela

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

A medida que se acerca el 10 de enero, la fecha constitucionalmente establecida para la juramentación presidencial, se confirman todos los temores de que el futuro político de Venezuela se está decidiendo en La Habana bajo la cercanísima tutela del Gobierno de Cuba.

A estas alturas no es secreto para nadie que en nuestro país la presencia cubana en los sectores estratégicos de la acción del Estado excede los límites de la cooperación y traspasa los de la injerencia. Es el caso, por hacer una lista corta, de la educación, la salud, inteligencia y seguridad, incluida de modo visible la del Presidente. No en vano el comandante Fidel Castro propuso en 2005 pensar en una sola nación de “venecubanos”. Así fue acogido con entusiasmo por su cada vez más frecuente visitante, desde el ámbito del asesoramiento político hasta el de las relaciones económicas. Y la capital venecubana se quedó en La Habana. Allí se han instalado en momentos críticos el presidente Chávez y ahora el vicepresidente Nicolás Maduro.

Ya no se trata solamente de que el primer mandatario, renuente a gestionar como faltas temporales sus recurrentes y extendidas ausencias, haya realizado repetidas veces actos de gobierno desde la capital de Cuba. En las últimas semanas se ha constatado de modo abierto y explícito algo todavía más grave y alarmante para el país.

En La Habana, en torno al lecho del enfermo y bajo la cerrada custodia del Gobierno cubano, se desarrollan las deliberaciones, negociaciones y tramas políticas entre quienes por sus altos cargos tienen responsabilidades constitucionales ante los venezolanos para atender con transparencia y eficiencia las complejas circunstancias presentes. Como si de un régimen de “sucesión” de tratase, desde la isla se promueve el liderazgo preferido. Allí no sólo hay que acudir, también hay que divulgarlo como quien hace méritos para recibir una herencia.

Nuestra Constitución nos define en su primer artículo como república libre y soberana. Al hacerlo, postula la independencia y la autodeterminación nacional como derechos irrenunciables de la Nación. Más adelante, en el artículo quinto, establece de modo expreso que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, en el pueblo venezolano, que la delega a través del voto y dentro de las limitaciones para el ejercicio del poder que establece la Carta Magna.

Todo lo contrario es lo que venimos presenciando y escuchando en Venezuela. Comunicados, entrevistas, declaraciones, anuncios han obviado una y otra vez lo esencial de nuestra independencia y autodeterminación.

Es en Caracas, en reunión del vicepresidente encargado y de los ministros donde debe atenderse la larga agenda pendiente del país. Es en nuestra Asamblea Nacional donde debe darse la deliberación plural, es en la Constitución venezolana donde hay que identificar las soluciones institucionales que son necesarias.