• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El silencio del defensor

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El nuevo defensor del pueblo estrenó el cargo con un gesto de humanidad que prometía mayores ejecutorias. Conmovido por la desaparición de un perrita en el aeropuerto debido a descuidos de una línea aérea, quiso ayudar a los afligidos propietarios. Movió los resortes de su oficina para el encuentro de la mascota, amenazó a la aerolínea y secó las lágrimas de los niños que sufrían la ausencia del entrañable animalito.

Fue una conducta prometedora. Si así se preocupa el defensor del pueblo por el drama de una parentela desconsolada ante la falta de una compañía del reino animal, ¿qué no hará cuando deba cuidar a los seres humanos, a los ciudadanos de la república cuyos representantes lo elevaron al cargo? Así se comentaba en la calle, en medio de una aspiciosa expectativa. Como su antecesora en el puesto se había marchado con más pena que gloria, el humanitario arrumaque se convertía en anunció de un trabajo capaz de enaltecer el oficio para el que fue seleccionado. Sin embargo, el gozo se fue al pozo.

Perdonarán los lectores si desde aquí se le concede mayor importancia a las personas que a las mascotas de las personas, pero resulta que ahora no se trata de la desaparición de una perrita sino de la resolución 008610 del Ministerio de la Defensa, mediante la cual se autoriza a los miembros de la FANB la posibilidad de usar armas de fuego con balas de verdad contra las manifestaciones que ocurran contra el gobierno. De acuerdo con el contenido de la resolución, queda en manos de los represores la alternativa de conducir la represión hasta sus últimas consecuencias. Es decir, los mismos que han demostrado evidente saña frente a anteriores manifestaciones, podrán decidir en adelante si le disparan o no a los manifestantes con sus armas de fuego debidamente municionadas. Es decir, los mismos bárbaros de la víspera tomarán decisiones que pueden provocar la desaparición física de quienes ellos consideren como trastornadores del orden público. Es decir, se publica una resolución que contraviene la Constitución Nacional para dejar al capricho de unos verdugos, o de unos individuos presionados por las circunstancias, el destino de sus futuras víctimas.

No solo conocemos al nuevo defensor del pueblo por su compasión hacia una perrita, sino también por el papel que asumió en tiempos juveniles en luchas por los derechos humanos. Entonces se ocupó de la suerte de los presos y de la denuncia de numerosos atropellos, hasta el punto de que muchos llegaron a considerarlo como un generoso adalid de los perseguidos. Si a esto se agrega que también las musas acompañaron al enfático paladín, hasta convertirlo en un híbrido de campeador y rapsoda, le venía como anillo al dedo la función a la que ahora ha accedido. Pero, ¿el gozo se fue de veras al pozo?

Estas son horas en las que, pese a la gravedad del asunto, el defensor del pueblo no ha comunicado su opinión sobre la resolución 008610 del Ministerio de la Defensa. Hizo unos tuiteos deshilachados sobre el tema, pero nada más. Le está sacando el cuerpo a la jeringa, se está haciendo el musiú. Quizá se esté recuperando de su batalla por la perrita perdida, o el gobierno lo puso en el nuevo cargo porque perdió los juveniles arrestos.