• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El secretismo

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Una de las características de los regímenes poco democráticos es el secretismo. No nos vamos a referir en esta oportunidad al que acompañó la enfermedad y fallecimiento del presidente Chávez –lo cual constituye una vergüenza para el Gobierno, sus seguidores y todos los venezolanos–, sino a la falta de transparencia en los asuntos económicos.

Tampoco vamos a mencionar el desconocimiento en que se mantiene a la población y a la comunidad internacional respecto a datos clave, tales como la producción petrolera, el déficit fiscal, la deuda pública y la utilización de los recursos de la nación desviados hacia mecanismos discrecionales que no se incluyen en el presupuesto nacional. Sobre ellos se ha comentado suficientemente, así como sobre el hecho de que significan un desconocimiento de las facultades constitucionales de la Asamblea Nacional, de la Contraloría General y de los procedimientos previstos por las leyes.

Lo que ahora atrae nuestra atención es el hecho insólito, del cual no conocemos precedentes, de tener una tasa de cambio de la moneda cuyo precio se mantiene en penumbra. Ya era un poco extraño que fuera ilegal mencionar cualquier tasa de cambio diferente a la llamada tasa oficial publicada en Gaceta Oficial, la cual abarca solamente un porcentaje de las importaciones de primera necesidad. Y más aún, que se considerara delictivo señalar el precio de las numerosas transacciones que se realizan en el llamado mercado paralelo.

Había antecedentes en intentar disimular las cotizaciones de lo que en otras latitudes se llama mercado negro, que habitualmente no es uno sino muchos mercados. Pero ahora se ha batido lo que quizás constituya el récord mundial del secretismo: en un sistema decretado por las autoridades constituidas para subastar las divisas destinadas a satisfacer las necesidades básicas de la población no se sabe ni se anuncia cuál es el valor del llamado –con ingenuidad y audacia– bolívar fuerte. De esta manera se desconoce cuál pudiera ser el tipo de cambio de nuestra moneda, así como su impacto en el alza de precios y en las posibles inversiones o remesas de simples ciudadanos.

El temor de dar a conocer lo que pareciera ser un secreto de Estado es tal que ni siquiera los beneficiarios del nuevo mecanismo se atreven a develar cuánto cuestan los dólares relativamente preferenciales. Por ello, las pocas noticias que se tienen se atribuyen a fuentes que no autorizan ser identificadas.

La economía nacional se mueve, tanto en lo internacional como en lo nacional, en el secreto. Por lo que cabe recordar que, tal como decía nada menos que el Libertador Simón Bolívar, en la oscuridad no se mueve sino el crimen. En este caso, el crimen económico. Es decir, la condena a la inflación, el estancamiento y la especulación. Nuestra moneda tiene un valor desconocido. Esperemos que su oculta debilidad no sea mortal para todos los venezolanos.