• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La sapocracia en acción

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Nadie puede tener la menor duda de que la arbitraria detención del alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, fue lentamente madurada dentro del plan de acción que el gobierno ha inventado para decretar un estado emergencia y saltarse a la torera las protecciones que la Constitución Nacional indica, clara y definitivamente, para que los ciudadanos no estén a merced de las arremetidas de los cuerpos represivos y que, además, sientan que el hogar y el sitio de trabajo son inviolables a menos que exista una causa mayor que obligue a un juez a despojar de esa protección mediante una acta de allanamiento.

Pues los milicos y los civiles del gobierno aumentaron su cerco a los ciudadanos no sólo con detenciones arbitrarias contrarias a la ley y con allanamientos que nos retrotraen a épocas de la gran violencia política de los años sesenta del siglo pasado, sino que han creado una hambruna nunca vista entre la población para castigar y dividir aún más a los venezolanos tildándolos de “enemigos” o “amigos” según se manifiesten en contra de las ideas promocionadas desde el poder.

Como no han podido convencer a la mayoría de la población de las bondades de sus propuestas políticas y sociales, entonces recurren a la represión abierta o solapada, según soplen los vientos de la ignominia. Y deben hacerlo de manera urgente porque ya no pueden ocultar ante al mundo que son unos fracasados, que sus políticas se basan en el resentimiento y la frustración personal, en su necesidad de ascenso social que no saben cómo lograr con el estudio y la formación técnica, sino a través del robo de los dineros públicos, ya sea directamente o por interpuestas personas.

Los burócratas que han huido al exterior han aportado suficientes pruebas y documentos de cómo ha sido este asalto a los dineros públicos. Hoy por hoy, ya no se habla de una Venezuela del socialismo del siglo XXI sino de un modelo de arruinar un país lleno de riquezas naturales y, para peor, de cómo unos falsos socialistas unidos a un grupo de militares corruptos pasean su riqueza y la exhiben descaradamente en los escenarios internacionales tal como lo demuestran los medios de comunicación que ellos no controlan.

En una Venezuela que se muere de hambre nadie ve a estos señores corruptos haciendo una cola para adquirir los productos necesarios para alimentarse en cualquier hogar honesto. Sus ayudantes y los soldados hacen las veces de siervos de la gleba para que sus amos no pierdan tiempo ni se ensucien las manos escogiendo las frutas y los tubérculos. Y es que la cúpula bolivariana no tiene escrúpulos para esclavizar a sus subalternos.  

La detención del alcalde Antonio Ledezma, un líder que ha pregonado hasta el cansancio su voluntad de ir a las elecciones como el único camino para el cambio de modelo (si es que este mamarracho de gobierno es un “modelo”), que además ha hecho del voto único el instrumento válido para cambiar las cosas, sólo nos dice a los venezolanos y al mundo que una ola represiva viene en camino.