• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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0800-SAPO

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Para matizar con una pincelada de credibilidad el caricaturesco cuadro de atentados, conjuras y complots que estaría tramando, cuando no perpetrando, “la derecha fascista”, junto a agencias internacionales de inteligencia como la CIA, el MI-6 del Reino Unido, la DGSE de Francia y el Mossad israelí, el señor Maduro, en un acto en el que creaba otro más de los disfuncionales parapetos burocráticos con los que intenta deslumbrar a la galería (el flamante “Órgano Superior” para control de la economía), anunció la activación del 0800-SABOTAJE.

Se trata de un número de teléfono a través del cual el Indepabis, Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios, recibirá y procesará denuncias, sospechas, chismes, rumores y acusaciones por parte de informantes prácticamente anónimos, lo cual se presta para todo tipo de imputaciones y delaciones sin pruebas ni fundamento.

La puesta en marcha de ese servicio de manifiesto carácter electorero –un eslabón más de la cadena de efectos especiales a la que recurre un gobierno sin obra tangible, que gestiona por inercia y cree que administrar el Estado es cuestión de acción y reacción, de ensayo y error– es una afrenta a la condición humana y un irrespeto a la inteligencia; una medida efectista e improvisada que intenta convertir a los ciudadanos en chivatos ad honorem, no para que sus sapeos sean objeto de pesquisas, sino para hacerlos parte del inventario al cual recurren cada vez que necesitan torcer un rumbo electoral.

Recuerden los lectores que estamos bajo la égida de un régimen especializado en manipular listas (como la de Tascón), intervenir teléfonos y grabar y fisgonear en la vida privada de quienes sus agentes suponen enemigos del proyecto bolivariano.

Llame a ese teléfono, donde seguramente le atenderán con amabilidad: “Buenas tardes, bienvenido al 0-800- SABOTAJE, listo para procesar su denuncia. ¿En qué le puedo ayudar?”. Seguidamente le preguntarán su nombre. Sólo eso. Usted puede dar el suyo o también ocultar su identidad tras un seudónimo. No importa. El funcionario o funcionaria, que tal vez actúe de buena fe, sólo requerirá de usted una descripción de la anomalía que ha motivado su llamada.

Pero como el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, no vacilamos en sospechar que estamos ante un mecanismo inquisitorial inspirado en los Comités de Defensa de la Revolución, los famosos y temibles CDR, que en Cuba sirvieron para vigilar y denunciar a la población y asegurarse de que no hubiesen desviaciones en el comportamiento de los compañeros y compañeras de ruta.

A la búsqueda del confabulado inexistente, importa un cuerno quién haya llamado en realidad; lo importante es tener un chivo expiatorio, una víctima propiciatoria, un chinito de Recadi a quien a acusar de agente de la CIA y vincularlo a la oposición. Porque de eso se trata, de validar a toda costa sus fantasiosos embustes.