• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La salud de Cuba

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Hay silencios que dicen muchísimo más que miles de palabras. El 1° de enero las celebraciones de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959 y la caída del régimen de Batista no tuvo la misma coreografía de los años anteriores, ni los discursos o de los desfiles y, por qué no, de las pachangas que tanto adoran los cubanos.

La indiferencia y la frialdad se dieron un paseo por el malecón de La Habana y la Plaza de la Revolución estuvo solitaria y triste, como una letra de bolero. Algo detuvo la celebración, y tanto ese algo como esa causa oficial no pueden ser identificados y mucho menos aclarados porque las ³órdenes de arriba² no tienen explicación.

Los cubanos y los venezolanos, unidos ya no por la revolución continental sino por las extremas condiciones en que se encuentran los dos líderes fundamentales, el ya anciano y digno de descanso eterno, Fidel Castro, y el Presidente de la República de Venezuela hospitalizado en La Habana y de cuyo estado de salud el país entero se mantiene, como es lógico, en un estado de gran expectativa, pendiente de lo que expresen los voceros oficiales.

Que la Revolución Cubana acalle sus festejos no sólo es producto del control político y comunicacional del régimen que, por desgracia, apenas cuenta con un periódico, el Granma, que ha perdido tanta credibilidad entre los cubanos como VTV entre los venezolanos. También indica la debilidad creciente del poder de la burocracia cubana sobre su propia gente, al punto de que sucesos como la rehabilitación física o el deceso de un presidente venezolano pone en aprietos toda la estructura de propaganda del régimen sobre la eficiencia de su pregonada atención a la salud.

Si un jefe de Estado extremadamente relevante se muere en La Habana luego de innumerables actos de mala práctica médica (conocidos y explicados por especialistas extranjeros) entonces no queda otra salida que preguntarse si estamos ante la debacle de la medicina cubana, que apenas sirve para paliar las emergencias inmediatas de la gente pero nunca para advertir y actuar en los casos en que, como el cáncer, se necesita de un conocimiento avanzado y preciso.

De manera que, quiérase o no, la salud del presidente Chávez pone a prueba la manera como la medicina cubana ha terminado por convertirse en un mito y no en la eficacia concreta que, en los casos extremos, es necesaria para salvaguardar la vida de sus dirigentes más necesarios y urgentes porque, como todos prevemos, este año 2013 América Latina se verá obligada a estrenar otros discursos y prepararse para escenarios diferentes.

Termina un discurso gaseoso y comienza el pragmatismo. Hace 3 días, según la AFP, ³llegaron a Honduras en ruta a Estados Unidos un grupo de 25 cubanos, entre ellos varios niños, en una pequeña embarcación². Según las autoridades hondureñas, más de 1.500 cubanos han pasado en esa forma por Honduras en los últimos 4 años con destino a Estados Unidos. El fin de la mentira.