• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El sainete oficial

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Mientras desde el Gobierno desarrollan una estrategia dirigida a sembrar entre sus militantes rojitos que 7 millones de venezolanos se han estado reuniendo para crear la más vasta red de sabotaje y terrorismo, no sólo de América Latina sino del mundo entero, para destruir  la industria petrolera; la generación y distribución de electricidad; la siembra y recolección de las cosechas; la cría y engorde del ganado vacuno o porcino; el beneficio de aves de corral y su distribución a los expendios comerciales; el ocultamiento de la harina de maíz, de paquetes de arroz, de mantequilla o margarina, del aceite para cocinar y pare usted de contar; los 007 venezolanos del PSUV y los enflaquecidos agentes del G-2 (Raúl Castro les quita la mitad del sueldo) han capturado a un peligroso espía estadounidense que, por bolsiclón como diría Miguel Otero Silva, se vino a Venezuela en mal momento.

Cuando uno como periodista con experiencia ve la foto del pobre muchacho gringo, de inmediato se da cuenta del montaje policial y de lo burdo que se puede ser desde una oficina de la policía política de un régimen comunistoide. Habría que regalarle al ministro Miguel Rodríguez Torres las películas de James Bond o pedirle que acuda a la feria del libro de la plaza Altamira y compre la obra La Orquesta Roja, sólo para empezar. Si este muchacho es de la CIA, entonces cualquiera de nosotros puede convertirse en el pelotero Miguel Cabrera y ganar el campeonato de bateo en las grandes ligas de Estados Unidos. Pero el PSUV y sus militares llevan dentro de sí, “sembrado en el corazón”, el espíritu del fundador que, en eso del ridículo, no le ganaba nadie.

De paso, los 007 del Gobierno (a lo mejor no llegan a 006 y medio) se les ocurrió la genial idea de apresar al retirado general de brigada Antonio Rivero, uno de los pocos militares que los ciudadanos recuerdan por su labor incansable y eficiente al frente de Defensa Civil. Un militar civilizado (que ya es algo decir en este reino de gorilas rojitos) y con las agallas suficientes como para pararse ante una tribuna y denunciar que los militares cubanos ejercían un mandato inconstitucional y traidor al participar en las reuniones del Alto Mando Militar. Lo dijo públicamente y lo reiteró ante los medios de comunicación. De esa manera hizo ver que dentro de la FANB hay gente inconforme con esa presencia extranjera.

Esa valerosa posición soberana no puede quedarse en el aire ni en los partidos del gobierno ni en los de la oposición, y mucho menos en los venezolanos de cualquier signo político o religioso. Hay que rechazar la injerencia de militares de otro país, ya sea Estados Unidos, Cuba, Rusia o el tonto del presidente Rafael Correa en Ecuador, que se mete en nuestros problemas en vez de ocuparse de su hermano corrupto que –a la sombra familiar– se hizo rico y cuando se supo todo demandó al periódico que había hecho la denuncia.