• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El sainete ambiental

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Ha llegado la temporada de lluvias y de nuevo el país se encuentra desguarnecido ante la arremetida de las aguas, el desmadre de los ríos y quebradas tanto en Caracas como en el resto del país. Si esto pasa en los primeros días de “invierno”, qué no ocurrirá cuando las condiciones arrecien y cedan las defensas y se derrumben los puentes. Hace dos días, la carretera Panamericana quedó inhabilitada no tanto por lo fuerte de las lluvias, sino por el escaso mantenimiento que el Gobierno invierte para prevenir que los daños vayan a mayores.

Hace poco nombraron a Dante Rivas ministro del Ambiente, un joven que desarrolló un buen trabajo en la parte de identificación y pasaportes. Poco podrá hacer si el Gobierno se empeña en no trabajar en conjunto con las alcaldías y los gobernadores para darle una solución en la que todos participen y aporten su grano de arena.

Los más renombrados voceros del poder hablan de “salvar el planeta” y tratan de poner algo “fashion” en su retórica, colocando una supuesta preocupación ambiental entre los cinco “objetivos” de su accionar. Pero lo cierto es que el Gobierno nacional carga a sus espaldas una gestión ambiental negligente e ineficaz que no ha logrado siquiera sacar una playa de las tantas y hermosas de Venezuela de la creciente lista de “no aptas”. Esto es una verdadera vergüenza en casi 15 años de ejercicio del poder.

Tampoco han logrado organizar la recolección eficaz de la basura de aunque sea un pequeño pueblo del interior de Venezuela y mucho menos de las principales capitales del país. Es cierto que parte de ello es responsabilidad municipal, pero no por ello un problema sanitario tan grave se va a tirar al abandono. Lo correcto y lo justo es trabajar en un plan nacional que permita canalizar recursos adicionales hacia las regiones más críticas e importar maquinaria que modernice rápidamente la recolección eficiente y permanente de los desechos.

Lo cierto es que el Ministerio de Ambiente hace mutis cuando un derrame petrolero estropea un río o un lago (como ocurrió en Monagas, donde sólo un gato salió en defensa de la calidad del agua). No existió tampoco el ministerio cuando el desastre de Azuay requería su acción contundente. Ni dice ni hace nada el despacho ambiental cuando al lago de Valencia lo envenenan con aguas negras o para darse cuenta de que los edificios de la Misión Vivienda no tienen ni ductos para tirar la basura.

El ministerio no rige nada…ni siquiera controla o aconseja a los otros organismos del Gobierno. Pareciera que tras estos 14 años de ineficacia olvidamos que en materia ambiental fuimos pioneros y la vanguardia de América Latina.

La debilidad institucional y desprofesionalización del Ministerio del Ambiente, su sectarismo partidista y su silencio cómplice ante los desmanes antiecológicos en la gestión de otros entes oficiales, ha llevado a la ausencia de ese despacho de los escenarios en los que debiera actuar con decisión.