• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Un sabotaje curioso

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La conclusión del gobierno bolivariano sobre los sucesos ocurridos hace un año en la planta refinadora de Amuay es insólita. Parece que se trató de un sabotaje, han dicho Nicolás Maduro y Rafael Ramírez después de las investigaciones que supuestamente llevaron a cabo. Estamos frente a una conclusión escandalosa, que difícilmente resiste el más peregrino de los comentarios. 

En primer lugar porque, dada la magnitud del acontecimiento, dadas las terribles consecuencias que tocan a centenares de seres humanos y a una parte fundamental de la economía, no merece respeto el hecho de que, a estas alturas, apenas se maneje una hipótesis que no permite acceder a la verdad sobre lo que en realidad sucedió.

El Gobierno se mantiene en el terreno de las aproximaciones, se queda en explicaciones incompletas, permanece en la vacilación, lanza supuestos al vacío sin ofrecer evidencias sobre lo que les hace creer que tal vez las cosas pasaron como quizá pasaron pero que, a lo mejor, fueron de otra manera o quién sabe de cuál otra. Se puede advertir de todo en esta inconsistente aproximación, una falta de seriedad y de responsabilidad. 

Especialmente porque, en segundo lugar, la lengua mocha de las autoridades se ha atrevido a hablar de la posibilidad de un complot para provocar el incendio de la refinería. Un complot de la derecha, por supuesto. Un oscuro movimiento de la contrarrevolución fascista, naturalmente. La afirmación deja en los peores términos al Gobierno, no en balde, si en realidad se trató del sabotaje que se atreve a sugerir, estas son horas en las que ni siquiera asoman el nombre de los tenebrosos saboteadores. 

De un año de operaciones de sesuda inteligencia se puede esperar, por lo menos, la escena de unos delincuentes esposados frente a la vista de los periodistas, o algún tipo de evidencia capaz de convencer a la ciudadanía. Pdvsa tiene una unidad de prevención y seguridad que actúa como policía paralela, que está bien armada y hace inteligencia. 

El sabotaje de una refinería de petróleo no es cuestión simple. Necesita planificación, movimientos meticulosos, requiere compromisos pavorosos y actores sin escrúpulos. Llama la atención, no sólo que todavía el Gobierno no los haya descubierto con pelos y señales ante la opinión pública, sino que haya permitido que actuaran sin trabas frente a sus narices contra instalaciones de vital importancia para Venezuela. Y lo que es peor, que deambulen por allí a la caza de otra instalación petrolera para incendiarla y provocar el caos y la muerte.

La ira que ha provocado una investigación de los sucesos, efectuada por diputados de la oposición, agrega ingredientes de escándalo a la insólita “explicación” de las autoridades. La investigación de los diputados es una provocación antipatriótica, dicen las autoridades. ¿No será que, caminando como cojos a propósito, sólo desean ocultar los testimonios de su ineptitud y de su insensibilidad?