• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Un ruido unilateral

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

H an sido días de truenos y centellas capaces de impedir el normal desenvolvimiento de la rutina, no descubrimos el agua tibia. Pero los ruidos han sido productos exclusivos de la voz del gobierno, y especialmente de los vocablos incitadores de Nicolás Maduro. Los echó a rodar para que tuvieran el eco unilateral que deseaba, el eco de quienes se consideraron favorecidos con las medidas de regulación de la actividad comercial que puso en marcha, pero también con los saqueos que sobrevinieron como consecuencia de dichas medidas.

La mayoría de la población prefirió cautelosos comentarios, anonadada por el ataque de la propiedad privada y por la posibilidad de que creciera un conflicto que nadie esperaba en las vísperas navideñas. En la pascua adelantada por Maduro, la gente prefirió atenerse a una observación discreta que no contrastara con el ambiente de fiesta. Hasta aquí todo parece lógico, debido a que ante las tempestades inesperadas, o ante los aguaceros teledirigidos desde las alturas del poder, más conviene susurrar que gritar. Sin embargo, la voz que más debió sonar se ha negado a decir siquiera una palabra, ha hecho un voto de clausura digno de mejor causa.

Nos referimos a la voz de los empresarios, desde luego.

¿Dónde están los empresarios? Nadie lo sabe, debido al empeño que han puesto en permanecer en los rincones de la sociedad tumultuosa. ¿Se los tragó la tierra? Tal vez no, pero quizá sí.

¿Tienen la lengua atrofiada, o se la cortaron para evitar nuevas incomodidades? Nadie ha escuchado esa lengua en movimiento recientemente, lo cual hace dudar de la posibilidad de que estén en capacidad de ponerla a funcionar. Estamos ante uno de los hechos más curiosos de los últimos días, que se han caracterizado por el ataque que los factores del poder han hecho contra ellos.

Maduro los llama explotadores o parásitos, y en cada cadena les guarda lindezas capaces de conmover al más tibio de los destinatarios del insulto, de la frase altanera y provocadora, pero parece que esos destinatarios sienten que reciben unos requiebros propios de juego floral. Como los aludidos empresarios cuentan con organizaciones que en el pasado han librado jornadas memorables por sus legítimos intereses, y especialmente por evitar que se imponga una única versión de la realidad que busca el reino de la omnipotencia, se hace especialmente notoria la mudez que ahora los distingue. Es evidente que el gobierno miente con descaro y exagera sin tasa cuando los ataca y los convierte en los villanos de la historia, pero su mensaje discurre sin interferencia, como si pronunciara de veras la última palabra. El gobierno dice lo que le parece porque conviene a sus planes cada vez más hegemónicos, pero también porque se lo permiten las organizaciones a las que ataca a mansalva. En este caso los empresarios. ¿Tienen cosas que ocultar, o son presa del pánico? ¿Abdicaron a su obligación como ciudadanos, o le conceden el trofeo a Maduro por el miedo que les produce una competencia en la que deben participar necesariamente? Digan su verdad, como corresponde a las tensas circunstancias que vive el país mientras su prestigio, señores empresarios, es echado malamente a la basura. El mundanal ruido los convoca, ahora más que nunca.