• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Los rivales

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La competencia por la herencia del poder que se ha desatado entre Nicolás Maduro y Diosdado Cabello ha ensombrecido aún más el panorama del gobierno bolivariano. Lo deplorable es que la rivalidad bien disimulada se lleva a cabo en los terrenos prohibidos de la agresividad política y de la violencia verbal. A ver quién ofende más, quién destruye más y quién es capaz de ahondar la polarización entre los venezolanos. Si uno de ellos habla en la mañana, el otro necesariamente hablará en la tarde y tratará de ganar puntos en la virulencia, las amenazas y las retaliaciones.

Después de tres lustros en el poder, el vicepresidente Maduro prometió designar la Comisión de la Verdad para investigar las muertes de ciudadanos en el periodo 1959-1999, en la época de la lucha guerrillera. Han pasado quince años de gobierno, y la tal comisión se interpreta como una letanía que no conducirá a ninguna parte. No hay manera se explicar tantas contradicciones.

El problema de fondo está en que se quiere investigar un periodo de la violencia, mientras se silencia o se tapa otro. Ojalá se investigara la historia de los episodios penosos y de las equivocaciones que jalonaron nuestro proceso, pero con objetividad y sin parcialidad.

Pero sucede que los promotores de esta empresa parten de algo inaceptable. Sólo proponen investigar a sus adversarios, utilizando la “búsqueda de la verdad” como otro recurso de guerra.

No hay aniversario de los intentos de golpes de Estado que se registraron en aquellos años que no sea celebrado con bombos y platillos y exhibidos sus protagonistas como héroes.

Pero los responsables de tantas muertes no serán investigados por la comisión de la verdad. Se les considera como precursores del 4-F y, naturalmente, estarán fuera de toda responsabilidad. 

¿Cuántos cientos sumaron los muertos del 4F de 1992? Estos muertos no tendrán dolientes como tampoco los del 27N de ese año aciago. ¿Por qué? ¿Tendrán que esperar, acaso, que la ruleta le dé el poder a los adversarios del actual gobierno para que entonces la verdad sea establecida? Tendrá el mismo vicio de retaliación de la que ahora propone el vicepresidente ejecutivo. Y así iremos de mentira a mentira.

La rivalidad entre Cabello y Maduro tiene una coincidencia: la violencia y el mensaje que no da cuartel. Y otra, no menos lamentable. Ambos demuestran una absoluta carencia de comprensión de los problemas que agobian a los venezolanos, y por supuesto, estos no figuran para nada en los discursos del uno y del otro. En ese terreno están tablas.

Esto es tanto más lamentable cuanto ellos representan las alternativas de poder del PSUV. No deben llamarse a engaño, el país espera que se le trate como un país de ciudadanos adultos. Los venezolanos reconocen que el presidente Chávez enfocaba los problemas y no los eludía, y se coincidiera o se discrepara de sus ideas, allí había una manera de pensar.