• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La revolución huele mal

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Nada de excepcional tiene que un perro mueva la cola; insólito sería que la cola moviese al perroŠpero nunca se sabe. Esta reflexión sobre el comportamiento canino la motiva una escalofriante noticia según la cual no se entregarán divisas para importar insumos destinados a la producción de artículos de limpieza.

Al leer semejante información nos vino a la mente la palabra sarna con la que se designa a la escabiosis, enfermedad de la piel causada por un ácaro, que suele afectar a perros y gatos, pero también a los humanos, sobre todo cuando la higiene es escasa, pues la sarna tiene en la suciedad un excelente caldo de cultivo para reproducirse y contagiar el mal.

Si no hay champú, seguramente abundarán los piojos; si no hay jabón de baño, atacará el Sarcoptis, y no pasará mucho tiempo para que veamos a la gente a las puertas de los comercios rascándose con furor para aliviar la piquiña y, como los perros y los gatos, arrecien sus disputas y pendencias para hacerse de un paquete de papel higiénico.

La proliferación de enfermedades provocadas por el desabastecimiento debería ser argumento más que suficiente para que el Ejecutivo renuncie a sus disparatados controles cambiarios, de modo que importadores, fabricantes y expendedores puedan ofrecer al público los bienes indispensables para su aseo personal y de su casa.

No hay insecticidas ni repelentes para mantener a raya zancudos y mosquitos portadores de vectores causantes del paludismo, el dengue y la chinkungunya.

Otras dolencias -diarreas, infecciones vaginales, disentería, salpullidos,

conjuntivitis- pueden derivarse del desaseo que estaría propiciado por la insuficiencia de productos adecuados para cumplir con la rutina de mantener el cuerpo limpio.

Pero si no hay cepillos, dentífricos, enjuague bucal, desodorante y un largo etcétera, en los anaqueles, difícilmente pueda el ciudadano común sortear las bacterias que le acechan. Y no estamos hablando de cosméticos, sino de bienes esenciales para mantener las defensas altas.

La higiene y el aseo corporal son parte de esas defensas. De allí la importancia de la ropa limpia, en especial la interior y la de cama. La ropa sucia, además de repugnante a la vista, es una bomba de tiempo para la incubación de agentes transmisores de enfermedades contagiosas. ¿Se imaginan a Jacqueline Faría luego de bañarse en el Guaire y sin jabón?

Un cuerpo limpio es un cuerpo sano y garantía de una mente igualmente sana; sin embargo, en este caminar por el desfiladero del ³no hay² puede suceder que la insania se apodere del consumidor y lo haga presa del mal de rabia.

Y así, como no es usual que un perro muerda a su amo y lo inesperado sería lo contrario, no sería raro presenciar una sublevación masiva de víctimas de la hidrofobia que podrían estallar en cólera y arremeter a dentelladas contra todo aquel que obstaculice su acceso a lo que la Constitución y las leyes garantizan: el derecho a la salud. Puede ser que la cola mueva al perroŠnunca se sabe.