• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El retiro de la CIDH

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Finalmente el Estado venezolano, después de muchos anuncios fallidos, oficializó su salida del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos.

Ayer presentó formalmente ante el secretario general de la Organización de Estados Americanos la renuncia a la Convención Americana de Derechos Humanos que había suscrito en 1969 y ratificado su adhesión en 1977.

Es una nueva forma de la revolución roja de pretender librarse de los compromisos internacionales para el respeto y protección de los derechos humanos de sus ciudadanos debido a la enorme cantidad de denuncias hechas ante esa instancia internacional por las constantes y reiteradas violaciones de estos.

Parece que para un gobierno violador de los derechos de sus ciudadanos y forajido ante los mandatos de esta instancia para que estos se garanticen ­que según nuestra propia Constitución debe acatar­ lo más fácil es retirarse de su vigilancia, como si con ello se ocultaran las constantes transgresiones que se cometen en nuestro país a los derechos humanos.

Lo que el gobierno rojo rojito y forajido debe tener claro es que esta oficialización de salida del Sistema Interamericano de Protección a los Derechos Humanos obliga al Estado venezolano a permanecer bajo la competencia de la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos hasta dentro de un año, es decir, hasta el 10 de septiembre de 2013.

Durante este tiempo los venezolanos pueden seguir acudiendo a estas instancias internacionales a denunciar los atropellos a que son sometidos por el Estado y que no logran que dentro del país se les haga justicia.

Igualmente, todos los casos que estén en curso tanto en la Comisión como en la Corte Interamericana de Derechos Humanos siguen su trámite normal hasta dentro de un año, así como las obligaciones del Estado venezolano continúan siendo las mismas. El anuncio oficial de retiro no es causal para desentenderse de las denuncias y los juicios que tienen pendiente en estas instancias que, por cierto, son bastantes porque hace varios años que los rojos rojitos decidieron dejar de cumplir con su obligación constitucional de respetar los compromisos con esta instancia internacional.

Para la revolución roja el librarse de las denuncias de violaciones de los derechos humanos no le será fácil: las organizaciones de derechos humanos seguirán cumpliendo con su trabajo de denuncia a pesar de las persecuciones y adversidades a que son sometidas. Las violaciones de los derechos humanos no prescriben.

Tampoco hay que olvidar que Alberto Fujimori, cuando intentó desconocer en Perú la decisión popular y convertirse en dictador, también denunció la Convención Americana de Derechos Humanos para desconocer a la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ya sabemos cómo terminó su historia: preso y con cáncer.