• Caracas (Venezuela)

Editorial

Al instante

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La salud mental del venezolano tiene tiempo siendo la última en la lista. Con la excusa de que nos definimos como los más felices del mundo hasta se ha creado un viceministerio. Pero la verdad es otra, y la realidad nos está haciendo perder algo de esa característica que tanto nos llena de orgullo.

Este gobierno (y el anterior) no nos ha dado muchos motivos para ser felices, aunque algunos se llenen la boca todavía diciendo que le deben todo al chavismo y ahora al maducabellismo. Cada vez son menos. Aunque parece que en el tema que vamos a tratar, más de uno debe estar agradecido con el enchufe.

Si no hay medicamentos para los pacientes oncológicos, si no hay anestesia, si no hay reactivos, si no hay catéteres, si no hay analgésicos ni antipiréticos de uso común ¿qué puede esperarse de los medicamentos para tratar las dolencias mentales? Aunque sea la última de las preocupaciones del venezolano, que no tiene mucha costumbre de acudir a psicólogos ni psiquiatras, sí hay compatriotas que necesitan atención en ese aspecto.

Desde principios del gobierno del fallecido Chávez se observó que la salud mental del venezolano no era prioridad. Se cerraron centros públicos de atención de enfermos mentales, se eliminó la hospitalización en los que quedaron abiertos. Ahora que no hay dólares para nada, no escapan los medicamentos para aliviar estas dolencias.

Ayer lo reseñó El Nacional, en el país del “no hay” no se salvan de la escasez los principios activos que se usan en la elaboración de medicinas para tratar desde una depresión hasta la esquizofrenia. Y eso que algunos de estos fármacos deberían ser fabricados por el Cefar, que depende del gobierno. Y si a eso se le agrega que la realidad está llevando al venezolano a estados de depresión y angustia, porque pasa horas en una cola, porque no consigue leche, porque un malandro lo esperó en la puerta de su casa, porque no le alcanza el dinero para comer, tenemos que la situación es muy crítica.

Para el psiquiatra Robert Lespinasse, ex presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, la crisis que padece el venezolano puede llevarlo a estados de ansiedad y angustia que desencadenen comportamientos violentos, porque la gente está desesperada.

Toda esta situación ha hecho que el sistema de autodefensa del venezolano se active, y que también, los que pueden, busquen ayuda especializada. Sin embargo, nada se hace si lo que necesitan para poder manejar las fobias y hasta la paranoia que se desencadena con el estado de crispación en el que vive el ciudadano no existe o es muy difícil de encontrar.

No se puede esperar que los altos personeros del gobierno se sensibilicen con la situación que padece el pueblo, porque es sabido que cuando han necesitado litio, se lo consiguen hasta debajo de las piedras. Por eso lo que se dijo anteriormente, en estas situaciones es cuando agradecen estar enchufados, porque hasta para enfermarse hay que ser chavista (o maducabellista).